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Opinión

Trump 2.0, ¿sin límites?

Cuando Donald Trump ganó las presidenciales de 2024 había quien sostenía que el sistema de pesos y contrapesos de la democracia estadounidense controlaría sus posibles excesos. Entonces escribí en estas páginas sobre los riesgos de que no estuviésemos ante una presidencia más de los EE UU sino ante un cambio de calado en la política del país. Pero cumplido ya el primer año de mandato, Trump 2.0 ha superado las peores previsiones. No solo porque con su política personalista y autoritaria ha dañado la calidad y tradición democrática del país, sino porque sus decisiones han roto el multilateralismo y el orden internacional, atentado contra inmigrantes y minorías, restringido la libertad de prensa y debilitado el sistema universitario, aplicado discrecionalmente medidas proteccionistas y erosionado instituciones como la Reserva Federal, los tribunales y las cámaras parlamentarias. Hace unos días, la veterana política demócrata Nancy Pelosi señalaba que Estados Unidos vive en una crisis de conciencia y apuntaba que «el presidente se ha coronado rey, el Congreso se ha abolido a sí mismo y el Tribunal Supremo se ha rebelado».

Mientras el Make America Great Again de Trump en 2016 proponía centrarse en la política interna del país, Trump 2.0 desarrolló rápidamente un perfil intervencionista e imperialista que le ha llevado a actuar internacionalmente en conflictos como Ucrania o Gaza, o entrar militarmente en Venezuela y pretender la anexión de Groenlandia. Debilitando la alianza entre Estados Unidos y Europa occidental, descolocando el orden internacional y el multilateralismo y atacando instituciones internacionales como Naciones Unidas, desarrolló un unilateralismo basado en el poder militar y económico de EE UU Con pocos límites y sin respeto al derecho internacional, la ley del más fuerte ha constituido la base de su acción internacional.

En su balance anual, Trump ha destacado la pujanza de la economía del país, el acierto de establecer aranceles de entre el 10% y el 50% al resto de países y el control de las fronteras. Cierto es que la economía crece allí por encima del 2% y que la tasa de desempleo se sitúa en el 4.4%, pero también que la creación de empleo está siendo débil y el mercado laboral se ha enfriado. Por ello, Trump reclamó una bajada de los tipos de interés y atacó frontalmente a la Reserva Federal y a su presidente Jerome Powell, hasta el punto de que los presidentes del BCE, del Banco de Inglaterra y de bancos centrales como Australia, Brasil o Canadá saliesen a apoyar la independencia de la Reserva.

Con quien Trump sí ha fortalecido alianzas es con oligarquías y poderes económicos, financieros y tecnológicos. La crisis con Musk fue más circunstancial que estructural y Trump buscó favorecer la inversión de las «big tech», fundamental para el crecimiento. Puede que el tecnofeudalismo que describe Vaurofakis no sustituya todavía al capitalismo, pero en cualquier caso este se adentra en una nueva fase de creciente poder de los propietarios de las grandes tecnológicas. Como señala Daron Acemoglu, que los avances tecnológicos impulsen la prosperidad compartida de la ciudadanía es el reto central para el bienestar futuro.

Los ataques frontales al New York Times o a CNN, la batalla contra la Universidad de Harvard o la retirada de EE UU del Acuerdo de París sobre Cambio Climático perfilan el primer año de Trump 2.0. Pero ha sido la política migratoria de detenciones y deportaciones la que ha encendido más alarmas. Solo tras los sucesos de Minneapolis el Congreso aborda una reforma parcial de la política migratoria que limite excesos como las redadas indiscriminadas sin orden judicial por agentes del ICE con el rostro oculto.

Por todo ello, el índice de aprobación de Trump en EE UU se ha desplomado en el último año según las encuestas. Y la semana pasada el candidato demócrata consiguió el acta de Senador por Texas en un distrito en el que Trump había arrasado en 2024. Veremos si estos indicios de nueva tendencia electoral se corroboran en las elecciones de noviembre, o si Trump remonta. Porque de nuevo la agenda política norteamericana determina el presente y el futuro de todos.

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