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Opinión

Senén Barro Ameneiro

Senén Barro Ameneiro

Director do CiTIUS da USC

De JASP a glups

Los que no somos jóvenes habremos oído o incluso usado el término JASP. Surgió en España a comienzos de los años 90 y se popularizó por un anuncio del Renault Clio con este lema: «JASP: Joven Aunque Sobradamente Preparado». En aquel momento el rápido crecimiento del sistema universitario español dio lugar a una generación de jóvenes con una o más carreras y másteres, que comenzaban a hablar inglés con cierta soltura y seguro que con más mundo conocido que el que yo tuve, limitado en mi caso al vecino Portugal hasta que acabé física en la universidad y comencé a volar —en todos los sentidos—.

En todo caso, la coyuntura socioeconómica y el mercado laboral en España en aquellos años no ofrecían grandes oportunidades para estos universitarios bien formados y capaces. El paro entre los jóvenes era muy elevado y los empleos precarios, de modo que vivíamos la paradoja de contar con una generación con la mejor formación académica de la historia, pero con unas enormes dificultades para adquirir experiencia laboral y conseguir trabajos acordes a dicha formación. Por eso, JASP comenzó a reivindicarse como una denuncia de la desconexión entre educación y empleo.

Con el tiempo las cosas mejoraron. En todo caso, recordaremos términos como «mileurista», popularizado a mediados de los años 2000, en un contexto muy distinto que el que había a principios de los años 90, pero con el mismo problema de discordancia entre la preparación de los trabajadores y su precariedad laboral. Pero todo puede empeorar, y la crisis económica global del 2008 hizo que tener un sueldo de mil euros dejase de ser un reflejo de precariedad laboral y pasase a ser un objetivo aspiracional, sobre todo entre los más jóvenes. Llegar a tener una nómina de cuatro cifras era para darse con un canto en los dientes para muchos jóvenes sobradamente preparados.

La cosa no quedó ahí, y el concepto de trabajador pobre está vigente. Aunque hay que reconocer avances laborales muy significativos en los últimos años —como la reforma laboral, la importante subida del Salario Mínimo Interprofesional o la ley rider—, es cada vez más frecuente que personas que tienen trabajos, incluso a tiempo completo, no pueden pensar siquiera en alquilar una vivienda, ya no digamos adquirirla.

No esperen en todo caso tiempos mejores, no ya en España sino a escala global. El informe «Tendencias Sociales y del Empleo 2026» que acaba de hacer pública la OIT (Organización Internacional de Trabajo) pone de manifiesto las crecientes dificultades para el acceso a los primeros trabajos de los jóvenes con formación académica. El problema es que muchas de las tareas a realizar en los trabajos a los que razonablemente podrían aspirar los jóvenes son altamente automatizables. Casi uno de cada tres de esos empleos (29,5%) están altamente «expuestos» a la IA, mientras que son algo menos de uno de cada cinco (19,1%) para el resto de los empleos. Es más, en los países con economías más desarrolladas la exposición de los jóvenes cualificados sube al 34,6%. Según aclara la propia OIT, el que una determinada ocupación tenga una importante exposición a la IA no significa que sea automatizada sin más, pero sí que se verá afectada significativamente por una automatización al menos parcial o por cambios significativos en su desempeño debido al uso de las tecnologías inteligentes.

El hecho de que un número creciente de tareas asociadas a una cualificación media y alta se vean directamente afectadas por la automatización del trabajo —documentación, atención al cliente, soporte, análisis y elaboración de informes, consultoría, programación…— y que la aportación de los jóvenes sin experiencia a las empresas y organizaciones carezca del valor que sí aportan los trabajadores senior —que poseen un capital relacional, conocimiento de la compañía y del negocio, etc.—, dificulta cada vez más el acceso de los jóvenes al mercado laboral en condiciones acordes con su formación.

No sé con qué término denominaremos a esta generación, pero a mí lo que me viene a la cabeza es ¡glups!

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