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Opinión

Mons. Alberto Cuevas

El hambre en boca de todos

No creo que me denuncien por plagio, pues ya desde el principio quiero declarar y declaro que la práctica totalidad de este artículo no solo se inspira, sino que además pretende copiar y dar a conocer los contenidos de la campaña que la oenegé Manos Unidas-Campaña contra el Hambre publica de cara a su jornada anual del próximo domingo 8 de febrero. El eslogan o lema elegido para este año es «Declara la guerra al hambre», subrayando irónica y pedagógicamente que los conflictos bélicos dejan siempre graves secuelas de miseria y hambre, que hemos de derrotar. Y por ahí va el contenido fundamental de la propaganda que se divulga de cara a esa jornada de concienciación y también de recaudación económica que para tal fin se hará al menos en los templos católicos.

Independientemente de la urgencia de echar una mano afectiva y también económica de cara a la resolución de ese asunto sangrante y lamentable a estas alturas de la historia, ahora simplemente —o quizá principalmente—, lo que quería destacar es la creatividad de los responsables de marketing de Manos Unidas para ayudarnos a tomar conciencia del problema que da sentido a sus tareas y actividades.

El caso es que para esa propaganda se les ha ocurrido nombrar al famoso Pepe Rodríguez Rey, a quien seguramente conocemos por ser miembro del jurado en el muy seguido programa Master Chef de riquísima comida televisiva. Pues el tal Pepe se ha comprometido públicamente, como embajador de Manos Unidas, nótese bien el contraste: «A PONER EL HAMBRE EN BOCA DE TODOS», y para ello se vale, como explica un pequeño folleto publicitario, de unos cuantos refranes referidos a las comidas, que simpáticamente son corregidos de inmediato, para subrayar y poner de relieve el objetivo de descubrir las muchas carencias del mundo en materia de alimentación y de hambrunas. De ahí que así comience el prospecto gráficamente muy bien ilustrado con el muy conocido refrán: «Pan con pan comida de tontos», calificativo que corrige por «MUCHOS», para informar entonces de que cerca de 700 millones de personas en el mundo padecen malnutrición y que en las comunidades de países más pobres e ingresos muy bajos la inseguridad alimentaria es crónica. O por ejemplo, con otra corrección, presentan a la joya de nuestro refranero: «Lentejas si quieres las comes, y si no las dejas», para ofrecerla publicitariamente con una nueva versión acomodada de «lentejas si TIENES las comes, y si no las SUEÑAS», que le da pie para contarnos que 181 millones de niños menores de 5 años viven en situaciones de pobreza alimentaria muy pero que muy grave. Y recojo aún sólo otra muestra más de nuestro rico refranero que, corregida, le está sirviendo a Manos Unidas para su campaña de poner, en la cabeza y en el corazón de muchos casi como un boca a boca, el tema del hambre y sus secuelas. Y el refrán es este: «A falta de pan, buenas son tortas», que en el folleto publicitario se completa y transforma en «a falta de pan, HAY MUCHAS TORTAS», para de ese modo comunicarnos el dato de que el 70% de las personas que padecen hambre en el mundo viven en países frágiles y que todos ellos están afectados por conflictos bélicos: ahora mismo sigue habiendo 59 conflictos armados activos en el mundo, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Quizá también por eso, debiera brotar en nosotros la clara convicción de que con las únicas guerras con las que vamos a contribuir a que permanezcan activas van a ser: las luchas contra el hambre, la desigualdad, la miseria, las enfermedades endémicas, la ignorancia, la falta de libertad… Y bueno será para ello recordar frecuentemente aquella honda reflexión de que el mayor mal en el mundo no lo comenten quienes eligen hacerlo, sino todas aquellas personas que viéndolo o sabiéndolo, en adelante no hacen nada para impedir que se repita y se continue.

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