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Opinión

Llovió 40 días y 40 noches

Tanto llovió que las aguas borraron lindes y convirtieron los campos de la tierra gallega en lagos de lodo y hojarasca donde las ranas, duchas en acrobacia, engendraron la península de las tierras sumergidas.

Los aguaceros desbordaron ríos y regatos, que, en desbandada ciega, arrastraron todo a su paso salvo parejas errantes de animales que vadeaban las corrientes en gigantescas arcas rumbo a un cielo sin estrellas.

Los temporales encolerizaron la mansa ría de Aldán y los peces tiñeron de negro su brillo plateado. Carballos, castiñeiros, amieiros, sobreiras y abedules abandonaron sus raíces y huyeron al azul infinito. Las granizadas, cual gélidas púas, sajaron la cintura de las montañas en hendiduras por donde cascadas fluorescentes saltaron al abismo.

Las tormentas tornaron en escamas la piel de los moradores. Látigos metálicos de rayos cayendo en racimo sobre la tierra,acompañados de truenos estruendosos,reventaron retinas y tímpanos. Los infantes, en pánico, se transformaron en patos voladores en busca de un más allá que aún no tenía nombre.

Y cuando a los 40 días y 40 noches Breogán despertó, la lluvia ya era memoria.

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