Opinión

Investigador del CSIC
Josefina Castellví: del hielo antártico a la salud de los moluscos gallegos
Cuando se habla de Josefina Castellví, el imaginario colectivo viaja de inmediato a la Antártida. Al hielo, al viento, a la épica científica de un continente extremo. No es casualidad: fue una pionera absoluta. La primera mujer española en participar en expediciones científicas al continente blanco y la primera mujer del mundo en dirigir una base antártica, la Juan Carlos I, en la isla Livingston. En un tiempo en el que la ciencia, y especialmente la oceanografía, era un territorio casi exclusivamente masculino, Josefina Castellví abrió camino con determinación, rigor y una autoridad ganada en condiciones extremas.
Pero hay una parte esencial de su legado que rara vez ocupa los titulares. Una ciencia menos épica, quizá, pero de enorme impacto social y económico. Una ciencia que conecta directamente con Galicia y con uno de sus pilares productivos: el marisqueo y la acuicultura de bivalvos.
Antes de convertirse en un referente internacional de la investigación antártica, Josefina Castellví fue una microbióloga marina profundamente preocupada por la relación entre el medio marino, los microorganismos y la salud humana. En 1971 publicó un extenso y detallado trabajo titulado Consideraciones generales sobre la depuración de moluscos, fruto de años de colaboración con estaciones depuradoras españolas y de una aproximación científica extraordinariamente moderna para su tiempo.
En ese trabajo, Castellví analiza con una precisión casi quirúrgica los procesos físicos, biológicos y microbiológicos implicados en la depuración de moluscos filtradores como mejillones, almejas u ostras. Describe cómo el agua de mar, la temperatura, el oxígeno disuelto, la carga orgánica y la dinámica bacteriana determinan no solo la eficacia de la depuración, sino también la viabilidad fisiológica del animal. Advierte de errores de diseño, de falsas soluciones tecnológicas y de la tentación de sustituir conocimiento por desinfección agresiva. Y deja claro algo que hoy nos parece evidente, pero que entonces no lo era: la depuración no es un trámite industrial, sino un proceso biológico que debe respetar la fisiología del molusco.
Muchas de las recomendaciones técnicas que hoy se consideran estándar, como el control del oxígeno, los tiempos mínimos de depuración, el diseño de flujos, la separación de zonas «limpias» y «sucias», y la precaución con el uso de agentes esterilizantes, ya están ahí, formuladas con claridad hace más de cincuenta años. Para regiones como Galicia, donde el mejillón no es solo un producto, sino también una cultura y una economía, ese conocimiento ha sido y sigue siendo fundamental.
Para mí, este legado tiene, además, una dimensión personal. Conocí a Josefina Castellví cuando era niño. No entendía entonces la magnitud de su carrera científica, pero sí percibía algo que se me quedó grabado: su determinación. En un mundo de hombres, no pedía permiso ni buscaba condescendencia. Simplemente sabía lo que hacía. Años después, ya como científico, comprendí que esa misma firmeza era la que le permitía hablar con la misma solvencia de bacterias marinas, de depuración de moluscos o de logística antártica.
Castellví entendía el mar como un sistema vivo, complejo y profundamente conectado con la sociedad. Por eso su figura no pertenece solo a la historia de la exploración polar, sino también a la historia cotidiana de nuestras rías. En cada estación depuradora bien diseñada, en cada protocolo que protege al consumidor sin dañar al animal, hay una herencia silenciosa de aquella ciencia rigurosa y paciente.
Hoy, cuando la Antártida vuelve a ser un termómetro del cambio global y la acuicultura enfrenta nuevos desafíos sanitarios y ambientales, conviene recordar a Josefina Castellví en toda su dimensión. No solo como la mujer que conquistó el hielo, sino también como la científica que supo mirar el mar desde dentro, desde sus microorganismos, y convertir ese conocimiento en bienestar colectivo.
Ese es, quizá, su legado más duradero.
Suscríbete para seguir leyendo
- Madonna responde al Celta y zanja el misterio de su camiseta: «¡La llevo puesta y represento a tu equipo con todo mi espíritu!»
- La científica viguesa Sara Abalde regresa a Galicia con una prestigiosa Consolidator Grant para estudiar la comunicación individual entre células cancerígenas e inmunes
- Costas plantea eliminar aparcamientos y paseos para salvar Praia América
- La salud o la nota: cuando el esfuerzo por un 13 «asfixia» en Bachillerato
- Unas 150 variedades de camelias atraen a multitud de personas a Porta do Sol
- Vigo cierra al tráfico Torrecedeira desde y hacia Praza da Industria por la reconstrucción de un pozo
- «Mi vida está dividida en dos, una parte aquí, en Pontevedra y, la otra, en Brasil»
- Muere José Antonio Suárez-Llanos, referente del sector pesquero gallego, a los 71 años