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Opinión

Lara Graña

Lara Graña

Redactora jefe

Vigo

Desprecio extraordinario

De ninguna manera puede estar pasando esta absoluta falta de respeto, esta incongruencia máxima entre las versiones de Renfe y Adif, el colmo de la desvergüenza de no dar explicaciones

Estación de tren de Urzáiz, cerrada por segundo día

Estación de tren de Urzáiz, cerrada por segundo día / Alba Villar

Hoy he hecho cosas extraordinarias. Fíjate: salí temprano a comprar unas naranjas, llegué al coche con el paraguas intacto, no me despeiné en exceso –tampoco llevo un moño muy logrado, todo sea dicho—y hasta tomé el café, con el pitillo en estoica supervivencia, fuera de la redacción. Todo fueron temeridades, por supuesto, porque sabes que estamos en una alerta meteorológica de dimensiones colosales que ya quisiera para sí aquel ciclón Hortensia, que no lo viví –soy de la quinta del 85-- pero del que me han hablado en casa hasta el aburrimiento.

Porque es eso, ¿verdad? La ciudad está incomunicada por ferrocarril, y así seguirá durante todo el fin de semana, por los vientos huracanados que han volado la infraestructura, la nieve que se ha mudado del Padornelo a Cesantes y el tsunami que ha asaltado a saber qué estación del Eixo Atlántico. Tú no los has visto, de acuerdo, pero es así. De Vigo no pueden salir ni entrar trenes porque estamos siendo atacados por dramáticos e inevitables peligros, tormentas bíblicas, plagas tolkianas. Que va en serio. ¿Vas a creer a Renfe o a tus propios ojos?

¿Por qué si no iba la empresa, pública, a cancelar el servicio (público también) sin ofrecer alternativa ni explicación? Tiene que estar pasando algo muy feo, un poquito más allá de donde te alcanza la vista: aunque donde estés ahora no llueva, aunque tus hijos hayan ido con normalidad al cole o no hayas visto el asalto del Kraken… allí lejos habrá un problema. Tiene que haberlo, ¿no?

No es posible que sea de otro modo. Que Renfe, que es la operadora que utiliza la infraestructura de Adif --también pública y que desmintió ayer que la red ferroviaria no esté en condiciones de ser utilizada--, esté despreciando de esta manera a la mayor ciudad de Galicia. De ninguna manera puede estar pasando esta absoluta falta de respeto, esta incongruencia máxima entre las versiones de ambas sociedades, el colmo de la desvergüenza de no dar una mínima –venga, ya no decimos “total”—razón a los usuarios. ¿Cómo iba Renfe, o el señor o señora que corresponda desde Madrid, a levantar esta muralla discrecional aludiendo a un riesgo del que no aporta información? ¿A que es imposible que tampoco esté poniendo autobuses a disposición de los usuarios para enfrentar las tremebundas contingencias que (¡ups!) solo afectan al ferrocarril?

En serio, ¿dónde está el monstruo?

Aquello de meter miedo con las tormentas y los krakens era cosa de los griegos. La ciudadanía de Vigo quiere explicaciones, alternativas y la asunción, si corresponde, de responsabilidades.

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