Opinión | Crónicas galantes
Ya no es obligatorio copular (en Francia)
Copular ya no es una obligación en Francia, donde se ha suprimido el deber conyugal del coito dentro del matrimonio. La vida en común, aclara una novedosa ley, no equivale a dar derecho de pernada a uno de los contrayentes, si el otro -en general, la otra- no está por la labor. Hay quien entiende que se trata de una forma de deslegalizar la violación en el ámbito doméstico.
Sorprende que aún ocurriesen estas cosas en un país que ha gozado desde siempre justa fama de liberal y hasta de libertino. Patria natal del marqués de Sade, inventora del ménage à trois y del «francés» como sinónimo de felación, la vecina república parecía un ejemplo de amplitud de miras en cuestiones de entrepierna. Ya se ve que no era del todo así. Pervivía en su ordenamiento jurídico, aparentemente, un anacrónico deber conyugal que por fortuna acaba de ser abolido.
Es un hecho que los franceses han ido siempre por delante de los demás europeos (de los americanos ya ni hablamos) en estas delicadas materias de costumbres. Hace un par de años Francia fue el primer país del mundo en incluir el derecho al aborto en su Constitución, por ejemplo.
El código civil ahora modificado no aludía explícitamente al deber conyugal de copular sin ganas, pero tampoco es menos cierto que algunos jueces lo interpretaban de esa manera. Tanto era así que un ciudadano francés pidió y obtuvo no hace mucho el divorcio alegando que su señora rehusaba acostarse con él en el sentido erótico del verbo. Tuvo que intervenir un tribunal de la Unión Europea para deshacer el entuerto.
Esto viene a confirmar que las leyes se escriben en papel; y ya se sabe que el papel aguanta lo que le pongan. En España, por ejemplo, los cónyuges están obligados a vivir juntos, lo que en ciertas ocasiones bien pudiera ser una crueldad. También a guardarse fidelidad, que es asunto peliagudo y no siempre factible, según enseña la experiencia.
Luego ocurre que la sociedad va a su aire en estos asuntos, diga lo que diga la ley. Hay parejas que, por voluntad o por razones laborales, no cumplen con el deber de convivencia que exigen los códigos; y tampoco pasa nada por eso. Al menos en España, donde el Código Civil recuerda en muchos aspectos al francés. Solo que los jueces no lo han interpretado del mismo modo que allá.
El sexo sin necesidad de matrimonio ya era y sigue siendo hábito corriente, así en Francia como en el resto de Europa. La novedad que han introducido los franceses es el matrimonio sin deber de sexo.
Tal vez sin pretenderlo, los legisladores de Pirineos arriba han solventado la confusión entre derechos y deberes al establecer la necesidad de que el coito sea consentido incluso dentro del matrimonio. Tiene su mérito que lo haya hecho el país con más fama de galante en el mundo.
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