Opinión | Newsletter de Economía

Redactora jefe
El astillero del tío Antonio
La redactora jefa de FARO analiza la actualidad del sector de la empresa, las finanzas y el mar

Newsletter de economía por la redactora jefa Lara Graña / FDV
El naval siempre ha sido y es motivo de conversación en mi entorno: por el impacto que toda la reconversión tuvo en su día a día, porque es fuente de empleo para muchas personas de mi entorno o por mi vicio recurrente en hacer preguntas sobre cualquier historia de la historia. Me encanta que me cuenten, y hasta que me repitan lo que ya me han contado. No me aburre volver a oír cómo el padrino de mi madre, Antonio, trabajaba como ebanista en la antigua Factorías Vulcano, cómo iban en Vapores de Pasajes –hoy sería la Naviera Mar de Ons– los trabajadores del sector de Cangas a Vigo, cómo sonaban las campanas en los cambios de turno, como trabajó mi padre en grada con las primeras sondas para pesqueros o cómo acabaron, repudiados por sí mismos, algunos empleados prejubilados de Ascon. La industria naval ha sido históricamente fuente de buenas y malas noticias, e indiscutiblemente ganan las primeras. Pero siempre he pensado, y lo he escrito en esta newsletter, que a algunos astilleros y directivos se les han perdonado demasiadas cosas; el carácter estratégico de esta actividad no puede justificarlo todo.
Ojalá el astillero de Espiñeiro, en el barrio vigués de Teis y ahora propiedad de Astilleros San Enrique, hubiese ejecutado su plan estratégico y rentabilizado la concesión portuaria que le fue concedida en abril de 2022. Lo digo con toda honestidad: ojalá se hubiesen hecho barcos, o ejecutado los proyectos anunciados de energía offshore, o contratado a 80 personas. Pero no hizo nada de eso, y así lo conversamos en FARO con el CEO de Marina Meridional, Juan Moreno, un día antes de que el consejo de la Autoridad Portuaria decidiese por unanimidad iniciar el rescate de los terrenos públicos por incumplir sus compromisos, aun habiéndosele concedido una prórroga estirada hasta la extenuación. No fue una entrevista cómoda, pero creo que sí fue honesta.
Carezco (sin pesar) del don de la clarividencia y desconozco cuál será el desenlace de este conflicto. Porque lo será, de eso no tengo dudas, por más que el Puerto haya presentado informes internos, otro de Abogacía del Estado y el preceptivo –con código 837/2025– del Consejo de Estado. En su derecho está la empresa de proceder a las acciones que la ley le permita, al igual que la administración ha de ejercer su deber de garantizar que las concesiones se exploten de acuerdo a los pliegos y con el exigido retorno socioeconómico.
Me gustaría que el lugar que vio nacer buques como el Albacora Cuatro, Urquil, Peñalara o el Marujín volviese a tener la oportunidad de sacar nuevas construcciones a la mar, y que generase empleo y riqueza como lo hizo durante décadas; no hay actividad con más efecto multiplicador que la industria. No sé si la tendrá, pero sí es lo que más me agradaría. Un astillero como el del tío Antonio…
Donde estaba la misma Factorías Vulcano que protagonizó últimamente más quiebras que hitos constructivos, e hizo mucho daño a proveedores (y acreedores). Donde San Enrique no hizo lo que comprometió.
Claro que yo no soy el Puerto, porque irracionalmente pondría un astillero en cada penedo con tal de ver barcos entrar y salir. Desconozco qué intereses pueda despertar la eventual nueva concesión entre operadores de la industria o si surgirán oportunidades mejores para rentabilizar ese espacio. Confío en que su equipo elija la mejor de las opciones, llegado el momento. Suerte a todos.
Y feliz semana.
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