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Opinión

La energía: una transformación imparable

Más allá de la apuesta de algunos países por la continuidad de los combustibles fósiles; más allá de la contaminación atmosférica, que no admite opiniones sino certezas basadas en la ciencia, único criterio exigible a nuestros políticos; tenemos la absoluta convicción de que el mundo que viene no puede basarse en los mismos supuestos de gasto ilimitado de los recursos de la tierra.

Hemos desarrollado tecnologías suficientes para utilizar recursos renovables que abastezcan nuestras necesidades de energía, y las fuentes tradicionales, carbón y petróleo, y en el futuro el gas, deben dejar paso al sol, el viento, el agua de ríos y mares, como elementos naturales renovables de producción, y los nuevos desarrollos de energía nuclear e hidrógeno como complemento necesario.

Nunca como ahora hemos sido capaces de generar soluciones que permitan, no solo en energía, sino en agricultura, renovar los recursos que utilizamos para permitir la vida de las generaciones futuras.

Y Galicia es una tierra dotada de fuentes de energía inagotables con las tecnologías actuales. El viento es con el agua nuestro principal recurso, y ambos, en el mar, confluyen como una fuente futura inagotable en el eólico marino; y las técnicas de bombeo permitirán reaprovechar las aguas de nuestros ríos en un inacabable proceso de retroalimentación. También tenemos amplias zonas de luz para la energía fotovoltaica. Y lo que tenemos en exceso es una normativa que retrasa de manera alarmante el desarrollo de nuestros recursos.

Ante cualquier proyecto se suman las normas de las distintas administraciones, y ante la posibilidad de permitir y responsabilizar a las empresas del cumplimiento de las mismas, se las deja al albur de los tiempos de las administraciones, que sin dudar de su eficiencia, es indudable que son tiempos distintos a los de los ciclos económicos y a las oportunidades de los mercados. La burocracia mata el impulso económico empresarial desviando fondos hacia otras comunidades autónomas más flexibles, subyaciendo la misma normativa.

Luego está la justicia, siempre atenta a las reclamaciones de terceros que alegan motivos genéricos y supuestos frente a la realidad de la necesidad de desarrollarnos y progresar, y que luego sume los expedientes en el largo proceso de sus tiempos garantistas pero indefinidos.

Y ante las dificultades de la producción está la viveza empresarial. Como grupo empresarial con desarrollos energéticos desde hace varias décadas, pues en los albores de la fotovoltaica construimos las primeras plantas, nuevos mercados alternativos se ofrecen al sector energético. El mercado CAE, de certificados de ahorro energético, permite a las empresas, principalmente industriales, recuperar los importantes recursos invertidos en eficiencia energética mediante las correspondientes certificaciones.

El mercado voluntario de certificados de carbono facilita la compensación de emisiones inevitables a la atmósfera mediante la adquisición de créditos que garantizan el desarrollo de nuestros bosques. La energía pasa a ser así no sólo un recurso necesario sino una fuente de recursos alternativos que permite que el progreso industrial se acompase con los ciclos de la naturaleza en un proceso generador de riqueza y vida al mismo tiempo. Estamos ante una transformación energética imparable, pero que no limita el desarrollo, sino que lo conduce hacia un mundo más sostenible, que renueva sus fuentes para garantizar el futuro de todos.

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