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Opinión

Ángel Pidal

Absentismo: de preocupación contenida a medidas para paliarlo

El absentismo laboral se ha consolidado como uno de los termómetros más fiables del estado real de nuestro mercado de trabajo: habla de salud, de organización, de liderazgo, de calidad del empleo y también de la eficiencia de nuestras administraciones.

Más de la mitad (54%) de las empresas de la provincia de Pontevedra ha notado un incremento del absentismo en sus plantillas en los últimos años, según un estudio promovido por su Confederación de Empresarios (CEP). Esta percepción enlaza con una tendencia estructural: Galicia es hoy la cuarta comunidad autónoma con mayor incidencia de absentismo (8,4%), por encima de la media nacional (6,9%), según el Instituto Nacional de Estadística.

Estamos ante una situación que no es puntual y que tiene un impacto directo en la gestión y productividad de los equipos, en los costes laborales, en la organización del trabajo, en la competitividad e innovación de nuestros sectores y, en última instancia, en el crecimiento territorial.

Se trata de un reto al que se enfrentan las empresas, sin un plan de acción claro ya que según este estudio el 69% de las empresas declara no disponer de un protocolo o plan de actuación frente al absentismo. Ya no es solo que el absentismo aumente, sino que, aunque el 60% afirma que mide, analiza y monitoriza la ratio y las principales causas, no existen medidas para intentar que no siga aumentando.

Es decir: las empresas son conscientes, pero no siempre actúan por falta de medios o capacidades para traducir la información en políticas concretas, sostenidas y compartidas entre dirección, mandos intermedios, representación de los trabajadores y agentes externos. Los datos, por sí solos, no cambian realidades. Lo que marca la diferencia es qué decidimos hacer con ellos. Por lo que el reto es transformar ese análisis en decisiones y procesos sistemáticos.

Esta brecha entre la conciencia del problema y la acción organizada explica, en parte, esa sensación de «preocupación contenida» que, en este caso se percibe en el tejido empresarial pontevedrés, pero que se extiende más allá: saturación del sistema público de salud, calidad de atención y dificultad para organizar equipos y mantener la respuesta a las demandas.

Un punto de partida para revertir esta situación es no desligar el absentismo de la salud física y mental de las personas trabajadoras, tanto desde la prevención de riesgos laborales como promover programas de bienestar y hábitos de vida saludables. También, hay que revisar diseños de puestos, cargas de trabajo, horarios y modelos de flexibilidad (cuando la actividad lo permite). Por otra parte, es imprescindible profesionalizar la gestión de las IT dentro de la empresa y, por último, es imprescindible promover un liderazgo adecuado gestionando personas no solo tareas, promover un clima de confianza y reconocimiento, así como una cultura compartida de corresponsabilidad.

Pero no hablamos de un asunto que preocupa únicamente a los departamentos que gestionan personas y talento, sino que se trata de un tema de política económica y social. Estamos ante un reto compartido, pero también una oportunidad única para modernizar nuestro mercado laboral y fortalecer la competitividad.

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