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Director de Faro de Vigo
Chiripa
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
Las coincidencias siempre se han dado. ¿A quién no le ha ocurrido alguna vez que pensando en alguien se lo encuentra en la calle? Suerte, azar, destino o yo qué sé, pensábamos. Pura chiripa. Pero ahora, desde que nos espían a través del móvil, somos unos descreídos de la casualidad. Al contrario, nos mosquea o espanta ¿Cómo es posible que si estoy hablando de visitar Roma a los pocos minutos me aparezcan en el móvil ofertas de viajes a la capital italiana? ¿Coincidencia? No, amigos, ya nos gustaría. Es que el gran hermano tecnológico se ha metido en nuestras vidas, husmea en ellas e intenta mercantilizarlas. La privacidad es hoy un lujo en vías de extinción (aunque a no pocos que exhiben cada día su intimidad en las redes sociales no parece importarles). Pero me estoy dispersando.
Porque no deja de ser una casualidad que el domingo FARO publicase un editorial sobre el fenómeno migratorio (aquellos que hablan de problema ya están prejuzgándolo), sobre la necesidad que tenemos, en Galicia especialmente, de los flujos migratorios y sobre la condena a los movimientos ultras que los estigmatizan (especialmente si no son blancos, católicos y con dinero) y un día después el Gobierno anunciase un proceso para regularizar a cientos de miles de inmigrantes, personas como tú o como yo, que viven y trabajan sin papeles y, por tanto, sin derechos. Son ciudadanos de tercera en un país que se dice de primera. En el caso de Galicia, habría 8.000 beneficiarios. Nosotros hablamos con algunos. Estaban emocionados, aunque hasta que no tengan en sus manos los documentos, con suerte en verano, no se lo acabarán de creer. En eso, ya veis, se les ha pegado la sana desconfianza propia de nuestro carácter. Yo, entre nosotros, me alegro por ellos...
Como también se felicita Xabier Gómez. El obispo de Sant Feliu de Llobregat es un valedor de la inmigración que nos recomienda pensar en personas y no en migrantes, «Estamos acostumbrados a hablar de los otros, pero no con los otros», asegura. Este monseñor es un crack. Con discursos como el suyo, a pie de calle y en conexión con la realidad, la Iglesia siempre tendrá futuro. Por cierto, para esa ola de admiradores, pelotas y malos imitadores trumpianos, Xabier Gómez también tiene un mensaje. Critica las «redadas deshumanizadoras» en las calles de EE UU y confiesa su alarma «por un posible contagio» en España. Tras leer su entrevista, me entraron ganas de volver a rezar (pero solo fue un flash).
Os hablaba antes de encontrarnos con alguien como fruto de la casualidad. En Galicia, al paso que vamos, ya ni eso. Porque ese impulso de estar a nuestro aire, tranquilitos, sin que nadie nos moleste, no deja de intensificarse. En los últimos cinco años se han constituido 150 poblaciones minúsculas. La dispersión en el rural se agrava. El coronavirus y el precio desbocado de los pisos están llevando, a quien puede, a echar raíces en medio de la nada o en lo alto de una montaña. Alejado de todo y de todos. Galicia acumula casi 21.000 agrupaciones de casas dispersas, la mitad de las que hay en España. Nos atrae la soledad y la independencia. Decía Churchill que una sociedad sana es aquella en donde si a las seis de la mañana alguien llama a tu puerta es el lechero. Pues, oiga, a los gallegos ni el lechero.
El año ha empezado intenso, la verdad. Hay noticias para todos los gustos, aunque algunas no nos sorprenden. Veamos: los solicitantes de vivienda protegida se disparan (6.000 en dos meses); encontrar una plaza de parking en el centro de Vigo es misión imposible (medio millar de conductores en cola); las chicos son peores estudiantes que las chicas y no pocos dejan las aulas en cuanto pillan un trabajito que les dé unos euros; los bancos ganan dinero a espuertas mientras se extinguen las sucursales (menos de mil en Galicia); tras zamparse Sá Carneiro los pasajeros de Peinador, Oporto se lanza ahora por nuestro puerto con un proyecto monstruoso (en la infografía que publicamos se aprecia un espeluznante relleno sobre el mar) que supera los mil millones…
Me despido con una historia que ha causado un notable revuelo digital: los profesores ya no quieren ir de excursión con sus alumnos. Les causan demasiados problemas. Así que los colegios deben contratar un servicio de compañía y vigilancia. Canguros de pago. Qué pena. Todavía recuerdo cuando hace una pila de años en una excursión a Sevilla, unos cuantos salimos de la habitación de noche y vimos a don Ramón, aquel profe tan duro y circunspecto, que nos gritaba en clase mientras encadenaba malboros sin parar (entonces se podía fumar), pasear por la habitación en gayumbos. Viendo aquella estampa (una tripita cervecera y unas piernas blancas, lampiñas y huesudas, casi de jilguero), nuestra tirria hacia él se convirtió en cierta simpatía. Aquello fue la humanización de don Ramón. Quizá todo fue fruto de la chiripa, pero lo cierto es que tras el viaje a Sevilla el trato de aquel profesor metebroncas (estoy seguro que sabía que le espiábamos) cambió también hacia nosotros. A veces incluso se reía, mientras expulsaba el humo de una boca renegrida.
¡Buen finde!
Email: director@farodevigo.es
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