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Opinión

Monseñor Alberto Cuevas

Monseñor Alberto Cuevas

Sacerdote y periodista

Comunicar con voz y rostro humano

En el día del patrono de los periodistas

Es costumbre que en el día de hoy, conmemoración de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el papa dé a conocer el tema elegido, y su mensaje, de cara a la Jornada anual de las comunicaciones sociales, que este año tendrá lugar en el aparentemente aún lejano y sin embargo muy próximo 17 de mayo, fiesta de la Ascensión.

A partir de hoy y mientras no llega esa fecha, los profesionales especialistas en comunicación ahondarán en la temática propuesta por el sumo pontífice y la irán haciendo práctica y cercana en congresos, ensayos o artículos de revistas, para que luego los obispos de cada país nos la den muy masticada y hecha papilla, en sus respectivos y seguramente muy enjundiosos pero breves mensajes de la citada jornada anual de medios de comunicación.

Es así como por el efecto eco y rebote pretende la Iglesia cada año advertir a los responsables y profesionales de la comunicación y a sus destinatarios, que somos todos, de las ventajas y cualidades, tanto como de los peligros, que las nuevas tecnologías aportan a la vida social y al bien común. Eso mismo va a acontecer este año a partir de hoy cuando el papa León XIV descubra que ha elegido para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales el lema «Preservar las voces y rostros humanos».

El santo Padre quiere destacar la necesidad de la alfabetización mediática y de la ética frente a la inteligencia artificial (IA) para asegurar que la comunicación no degrade, sino que sirva a la conexión humana, promoviendo el pensamiento crítico y la libertad, y combatiendo la desinformación.

Porque en los ecosistemas comunicativos actuales, la tecnología influye como nunca antes en las interacciones: desde la condicionada selección mecánica de los contenidos y las noticias hasta la misma IA que redacta textos y opiniones completas ya sesgadas en la misma raíz. Es innegable que la comunicación humana tiene hoy posibilidades impensables hace solo unos años, pero esas herramientas técnicas que ofrecen eficiencia y alcance, no pueden, no deberían, reemplazar las capacidades exclusivamente humanas de empatía, ética y responsabilidad moral.

El papa alerta a los periodistas con el fin de que la comunicación entre los humanos se fundamente en el juicio humano y no sólo en los algoritmos y patrones de datos. El desafío y reto que promueve el papa y la iglesia es garantizar que sea la humanidad la que siga siendo el agente guía. El futuro de la comunicación debe ser que las máquinas sean herramientas al servicio de la conexión de la vida humana y no fuerzas que erosionen la voz y el rostro de los profesionales humanos, los verdaderos agentes de la comunicación.

Tenemos grandes oportunidades, sin embargo, al mismo tiempo los riesgos son también reales. La inteligencia artificial puede generar contenidos atractivos pero engañosos, manipulativos y dañinos amplificando la desinformación mediante la simulación de voces y rostros humanos.

Una dependencia excesiva de la IA debilita el pensamiento crítico y las habilidades creativas. Por eso el papa urge a los comunicadores a ser voces de esperanza, promoviendo la escucha, el diálogo y la construcción de comunidad, en lugar de generar miedo o división. Y su mensaje será una llamada a la humanidad para que la comunicación del futuro, impulsada por la tecnología, no pierda su esencia humana, sino que se fortalezca con valores éticos y una dosis grande de espíritu crítico – que deberá inculcarse especialmente en las nuevas generaciones-, para servir así a la fraternidad y a la paz.

Estupenda ocasión la de hoy para felicitar y agradecer la tarea personal e individual de los periodistas que cada día leemos o escuchamos y que nos informan con honestidad, despiertan nuestro espíritu crítico para descubrir aquello que debe ser corregido, particularmente por los dirigentes de la vida social, y alientan constantemente en nosotros, a pesar de las dificultades en la convivencia, el deseo de potenciar una amable, pacífica y universal fraternidad.

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