Opinión | Newsletter de Deportes
Claudio y el hermoso vicio de ganar
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Imagino a Radu a esta hora, en la soledad de su casa, sentado en silencio delante del primer café de la mañana antes de subir a Afouteza para reencontrarse con los compañeros y con su propio personaje. Mueve la cucharilla con calma y reflexiona sobre las decisiones que uno toma en la vida. Se mira el cuerpo y apenas hay señales de la batalla reciente, algo extraño en un oficio como el suyo. Puede que su mente le traslade a aquella primera reunión en Venecia con los enviados del Celta, cuando, tal y como nos dijo en una entrevista reciente, supo de inmediato que este “era su equipo”. Salvo que Claudio se le haya aparecido esa noche en sueños (algo que no podemos descartar) la frase está cargada de buenas intenciones y de guiños cómplices hacia una audiencia feliz de escuchar esa clase de mensaje. Pero seguramente el buen portero rumano detectó señales (al margen de las condiciones económicas, motor clave de esta industria) que le empujaban a aventurarse hacia esta esquina perdida del mapa europeo donde hay un aeropuerto al que apenas llegan vuelos. Sería interesante consultar su histórico de búsquedas en Google de entonces.
Por razones obvias no hay jugador de la actual plantilla para quien el Celta resultase más extraño y encerrase más incógnitas cuando aquella noche de comienzos de verano le llevaron a Balaídos a hacerse las primeras fotos. Tal vez Radu medite sobre estas cosas mientras apura el café y hace un repaso de lo que han sido los meses posteriores a ese momento, los partidos que ha jugado, la evolución del equipo, las expectativas cumplidas o no… y entonces, mientras coloca la taza en el lavavajillas, concluye el análisis con una sentencia: “Joder, al final resulta que he fichado de nuevo por el Inter”.
Claudio ha convertido al Celta en aquello que nunca imaginamos. Admiramos de siempre la facilidad de ciertos equipos (de forma ocasional o de manera permanente) para ganar como sea, para encontrar la solución a los desafíos que cada semana le plantea el rival e imponer su propia doctrina. Hoy el Celta tiene ese “vicio de ganar” que tanto cuesta encontrar. Sin dogmas ni debates absurdos. El equipo es como un pistolero a sueldo que cabalga por el Oeste sin otra idea que llegar a su siguiente objetivo. Entra en el saloon y liquida el asunto sin preguntas innecesarias ni aspavientos. Con eficacia y sobriedad, sin mancharse a ser posible. Y luego desaparece en busca de otra pieza. Frío, implacable.
Eso que en los demás resultaba tan fascinante (y desesperante) hoy lo disfruta Balaídos con una inevitable dosis de asombro. Claudio ha convertido al Celta en un equipo desagradable para el rival, sólido en defensa como pocas veces (es increíble que en los dos últimos partidos de Liga haya concedido media ocasión y Radu ya no tenga que obrar paradas prodigiosas para sacar puntos) y con el acierto necesario para convertir esas porterías a cero en una sucesión de resultados extraordinaria. Vamos, el Inter de toda la vida.
Inevitablemente todo esto lleva a pensar en Claudio, en su trabajo desde que se hizo cargo del equipo hace dos años. Esa evolución (con los recursos justos vista la configuración de la plantilla) delata a un entrenador tan imaginativo como lúcido para entender dónde está su equipo y cuál es el camino que debe recorrer en esta evolución. Los ocho puntos que el Celta tiene de ventaja sobre su inmediato perseguidor son una fantasía en una temporada que se presumía más angustiosa debido al mayor número de partidos que debe afrontar el equipo en su viaje por Europa. Solo un vestuario comprometido y un líder con mayúsculas pueden alcanzar algo semejante. Gustavo Giagnoni, un entrenador italiano de los años setenta, posaba en su etapa en la Roma junto a sus jugadores dejando un pequeño espacio de separación con ellos. El técnico, ya veterano, lo justificaba porque “así cuando me echen pueden recortarme fácil de la foto”. Pues yo quiero que Claudio siempre en el centro de la imagen, bien apretado a los jugadores, para que nadie pueda borrarle de ahí en mucho tiempo. Como mínimo, hasta que me jubile. Que escriban de otros entrenadores quienes vengan detrás. Buena semana a todos.
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