Opinión | La asimetría de la medicina en España: la responsabilidad sin autoridad (II)

Traumatólogo vigués, especialista en cirugía ortopédica
La asimetría de la medicina en España: el marco perverso

Personal sanitario del CHUS. / Xoán Álvarez
La sanidad española ha sido colonizada por un igualitarismo mal entendido que confunde la dignidad personal —igual para todos— con la equivalencia funcional, que es un disparate organizativo.
Esta confusión ha cristalizado en una aberración que merece análisis: la estructura jerárquica de los hospitales públicos españoles sitúa a la Dirección de Enfermería al mismo nivel que la Dirección Médica. Al mismo nivel. El profesional que ha cursado seis años de carrera más cuatro o cinco de especialización MIR, que responde penalmente por sus decisiones clínicas, ocupa en el organigrama la misma casilla que un colectivo cuya formación, siendo respetable, es sustancialmente distinta en profundidad y alcance. Es como si en una aerolínea el sindicato de auxiliares de vuelo tuviera el mismo peso decisorio que el cuerpo de pilotos en materia de navegación.
Esta equiparación es resultado de décadas de presión sindical y de una filosofía organizativa que prioriza el equilibrio de poderes internos sobre la eficacia asistencial. El hospital se ha convertido en un parlamento de intereses corporativos donde la curación del paciente es una variable más, no necesariamente la principal.
La consolidación legislativa
Esta filosofía igualitarista no es inercia del pasado. Está siendo activamente consolidada en el presente.
La reforma del Estatuto Marco que el Ministerio de Sanidad negocia mientras se escriben estas líneas rechaza expresamente la posibilidad de un estatuto específico para facultativos. El argumento oficial es revelador: hacerlo «rompería la cohesión del sistema». La cohesión, ese fetiche organizativo, se antepone al reconocimiento de que quien tiene responsabilidades diferenciadas —penales, civiles, deontológicas...— quizá merezca un marco normativo diferenciado.
«El hospital se ha convertido en un parlamento de intereses corporativos donde la curación del paciente es solo una variable, no necesariamente la principal»
El borrador propuesto clasifica a los médicos en el nivel 8 del Marco Español de Cualificaciones, el más alto. Pero es una clasificación simbólica que no implica mejora salarial, ni de jornada, ni de carrera profesional. El mismo texto permite que los facultativos trabajen hasta diez horas semanales más que el resto de colectivos, no garantiza los descansos y deja el desarrollo efectivo en manos de cada comunidad autónoma. El reconocimiento es nominal; la explotación, real.
Los médicos han respondido con huelgas nacionales y abandonando las mesas de negociación. Reclaman lo que debería ser obvio: que quien asume responsabilidad singular tenga condiciones singulares. Pero el ministerio insiste en que un estatuto común es «lo más adecuado para mantener la cohesión». La cohesión de un sistema donde todos son iguales sobre el papel mientras uno solo responde ante el juez.
La anomalía europea
El médico español cobra sustancialmente menos que sus homólogos europeos. No hablamos de matices: hablamos de diferencias del 30% al 50% respecto a Alemania, Francia, Reino Unido o los países nórdicos. Un médico adjunto en España percibe un salario que en Múnich correspondería a un residente de tercer año.
Esta brecha salarial sería tolerable si viniera acompañada de compensaciones: reconocimiento profesional, autonomía clínica, condiciones razonables. Pero ocurre exactamente lo contrario. El médico español cobra menos Y tiene menos autoridad Y soporta más burocracia Y sufre más cuestionamiento Y enfrenta mayor presión asistencial. La ecuación no cuadra por ningún lado.
El mensaje implícito es demoledor: tu trabajo vale menos que el de tus colegas europeos, pero tu responsabilidad es idéntica. Cobrarás como un técnico medio, pero responderás como un profesional de élite.
Pero la anomalía no es solo comparativa. El problema no es únicamente que se cobre menos que en Europa; es cómo se estructura ese cobro.
El salario base de un médico de hospital público español es indigno. No indigno en sentido retórico, sino literal: insuficiente para una vida acorde con la responsabilidad y formación exigidas. ¿Cómo se resuelve esta indignidad? Mediante complementos variables que el médico debe ganarse con su sangre. Las guardias y las peonadas son los mecanismos que permiten alcanzar un salario que en cualquier otro país europeo sería simplemente el salario base.
Y aquí viene lo kafkiano: esas guardias se pagan por debajo de la hora ordinaria. La hora de guardia, trabajada de noche, en festivo, con responsabilidad máxima sobre pacientes críticos, se retribuye a precio inferior que la hora de consulta de un martes cualquiera. En cualquier otro sector, las horas extraordinarias se abonan al 175% de la ordinaria. Al médico español se le paga menos del 100%. En algunas comunidades, la hora de guardia no alcanza los 20 euros brutos mientras la ordinaria supera los 30.
Pero hay más. Esas guardias mal pagadas son obligatorias. Desde que termina la carrera hasta los 55 años, el médico está obligado a realizar guardias de hasta 24 horas. No puede negarse. Si quiere ejercer en el sistema público, debe aceptar esta servidumbre.
Y la perversión final: esas horas obligatorias, mal pagadas, en condiciones de máxima penosidad, no computan como tiempo trabajado a efectos de jubilación. El médico que ha pasado miles de noches en vela llega al retiro con los mismos años cotizados que si hubiera trabajado solo en jornada ordinaria. Se extrae el trabajo, se cobra el impuesto, pero no se reconoce el desgaste.
A esto hay que añadir que el médico, a diferencia de otros colectivos del mismo hospital, no percibe complementos de nocturnidad, turnicidad ni festividad por las guardias. La enfermera que trabaja de noche cobra un plus; el médico que pasa esa noche de guardia, no.
El mensaje del sistema es de claridad mafiosa: tu sueldo fijo es una miseria, pero si quieres vivir dignamente, ahí tienes las guardias. Obligatorias. Pagadas por debajo de tu hora normal. Que no cuentan para tu jubilación. Sin los complementos que cobran otros por las mismas condiciones.
No es un sistema retributivo. Es un sistema extractivo.
Próxima entrega: «La disfunción cotidiana»
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