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Opinión | Mira Vigo

Vigo

Retratos augustos: Carmen Cornejo

Mª del Carmen Cornejo-Molins González

Mª del Carmen Cornejo-Molins González / Augusto Rodríguez

Viguesa y abogada, continúa el legado de su padre, Ramón Cornejo, desde la misma convicción que lo movía a él: poner su profesión al servicio de quienes más lo necesitan, un compromiso que hunde sus raíces en la historia social de la ciudad. Preside el Patronato de la Fundación Casa de Caridad de Vigo, una institución nacida en 1839 y sostenida desde 1878 por una Junta de Patronato. Durante más de siglo y medio, las Hijas de la Caridad —que la dirigieron hasta 2020— dejaron una huella decisiva, entre ellas la creación, en 1985, del Comedor de la Esperanza. Hoy ese comedor sigue sirviendo 140 comidas calientes cada día, sostenido por la entrega silenciosa de los voluntarios y por el respaldo constante de Vigo. No es filantropía. Es solidaridad.

Roberto Benizio, un diseñador multidisciplinar rico en experiencia

¡Roberto Benizio volcado ahora en el mundo de las camisetas con alegorías de Galicia! Si vas a BNZ.gal hallarás la oferta de moda de uno de nuestros diseñadores vigueses pero yo le conocí allá por 1985, cuando estudiaba Diseño y ya había sido finalista de los Óscar de la Piel en Barcelona con 18 años. A los 20 fue Premio Fexdega con su madre, modista de toda la vida ahora afectada por los años y a la que él sirve de soporte como lo fue ella de él cuando empezaba. Yo le conocí diseñando unas originales corbatas, luego con camisas a medida, después cortinas y estores pintados a mano, pura artesanía, también paraguas... O sea, que en la moda es un tipo multidisciplinar con una rica experiencia y ahora lo encuentro haciendo camisetas serigrafía artesanal con el sello de Artesanía de Galicia y temáticas como el Sireno de Vigo, el Camino de Santiago... Pero también objetos retro entre los año 20 y 80 como la polaroid, el 127, la Hartley... Cuarenta años han pasado y ahí sigue Roberto Benizio.

Se fue el director teatral Enrique Ablanedo

Con retraso me entero del fallecimiento de Enrique Ablanedo, que yo conocí desde el periodismo como director del grupo teatral vigués Centro Dramático Clandestino, por donde pasaron y se formaron muchos actores de la ciudad.

Enrique era un tipo peculiarísimo al que se veía siempre volcado en la lectura mientras caminaba por la ciudad, mientras se trasladaba en autobús... y nunca sabías cómo evitaba tropezarse.

Sus libros eran una ventana abierta al mundo. Era un intelectual de talla y de muy discreto talante del que podríamos decir que practicaba una especie de mecenazgo teatral dados los medios de vida de que disponía.

Solía ser el autor de los textos de sus obras, de corte reivindicativo pero en las que el cabaret era un formato protagonista. Un ser distinto.

Imagen Fernando Franco

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