Opinión
Antonio Alonso Fernández
SOS por la iglesia de los Apóstoles de Vigo
Parece, lamentablemente, que los rumores y peores augurios se pueden hacer realidad en los próximos meses: La pequeña iglesia de los Apóstoles, situada en la confluencia de las calles Marqués de Valladares y Velázquez Moreno está amenazada de demolición.
En efecto, la Compañía de Jesús —cuyos últimos miembros jesuitas que resistían se ausentaron de la ciudad en los últimos años—, como propietaria del edificio, está tramitando una obra de reforma en la que se proyecta diluir aquel espacio de oración en parte de un aparcamiento subterráneo.
El inmueble original, proyectado en 1964 por los arquitectos vigueses Tomás Pérez-Lorente Quirós y Francisco Yáñez Ulloa, tenía como uso principal las obras sociales de los padres jesuitas y contemplaba en su interior, en el espacio de entreplanta y semisótano, un lugar de encuentro y oración en plena sintonía con las innovaciones litúrgicas del concilio Vaticano II, que se estaba celebrando en aquellos días.
Tanto el edificio como la iglesia aparecen reseñados, por su singularidad, en diversas publicaciones, guías y trabajos especializados. Como ejemplo: En la guía de arquitectura de Vigo 1930-2000 de Fernando Agrasar Quiroga, publicado por el COAG en 2003, se destaca este edificio como un «volumen sobrio y silencioso, con una cierta evocación nórdica en las soluciones de cuerpos volados, recercados de huecos y carpinterías». Y en cuanto a la iglesia se señala como «el espacio de la iglesia está protagonizado por una secuencia de soportes y vigas de gran canto de hormigón de canto variable que ofrecen una notable presencia», potenciada por un gran ventanal corrido lateral que ilumina tangencialmente la superficie de las vigas, y una inclinación de la superficie del suelo hacia el presbiterio que ofrece una buena visión del altar.
En la muy interesante tesis doctoral de Marta Vilas Rodríguez «Arquitectura parroquial y desarrollo urbano, Vigo siglo XX» (ETSAC/ UDC año 2017) también se cita este templo, que junto a la iglesia de San Ignacio de Loyola en el barrio de Espiñeiro en Teis o la iglesia de los padres redentoristas en la calle Lalín constituyen un magnífico ejemplo de la arquitectura religiosa de Pérez-Lorente y Yáñez en Vigo de los sesenta. Respecto de la iglesia de los Apóstoles se significa, de nuevo, las vigas de celosía de 15 metros de altura conformando un espacio de culto diáfano y elegante , así como el uso de la piedra y los elementos ornamentales y decoración diseñados en colaboración con el escultor Xoán Piñeiro Nogueira. El escultor de Nerga Xoán Piñeiro labró un magnífico retablo en bajorrelieve de granito titulado «La Cena», un escorzo de la mesa con Jesús y los 12 apóstoles alrededor, que preside desde 1975 el altar de esta iglesia.
Desde sus orígenes, la iglesia de los apóstoles se constituyó en un lugar de culto diferente a las iglesias al uso en aquel momento, con unos sacerdotes (Villamil, Magadán, Hervada, Lamas, más adelante el padre Requejo), considerados entonces más «progresistas» que los convencionales párrocos tradicionales. A una liturgia cara a cara, se le sumaban homilías más entendibles, unos horarios diferentes, y un lugar de reunión no sólo para celebraciones. Los adolescentes y jóvenes de una generación como la mía nos acercamos curiosos los sábados a las 9 de la noche con una disculpa para llegar un poco más tarde a casa, o casi como una prolongación más de la discoteca.
A eso se le sumó la utilización del gallego por primera vez en la iglesia. O pai Xaime Seixas, a la sazón rector de la residencia de ese edificio, ofició las primeras misas en galego en esta iglesia, misas que permanecieron a las 12 y cuarto del domingo hasta no hace muchos años, con la participación del coro Ondas do Mar de Vigo, creado por Domingo Fernández del Riego.
En fin, Los Apóstoles formó parte de la historia de esta ciudad, una historia que merece recordarla no sólo por episodios tristes o difíciles. Los vigueses tenemos, quizás, cierta tendencia a lamentar las pérdidas de edificios patrimoniales (El Rubira, los cines Tamberlik, el Odeón, los mercados de Progreso o de A Laxe, y tantos otros). Pues bien, se nos avecina una nueva pieza de caza, una iglesia que no es del siglo XIX ni de Pacevicz, ni de Gómez Román, que no es de cantería de granito ni de hierro forjado, sino más reciente.
Dicen que los lugares sagrados no desaparecen y sobre las ruinas de unos se van construyendo otros. Sobre los templos romanos, se construyeron los visigóticos, y sobre ellos los cristianos, musulmanes o judíos. Ojalá que con el espacio sagrado de los Apóstoles ocurriese lo mismo, que se convirtiera en cualquier espacio de reunión y recogimiento, ya sea una iglesia, una mezquita, una sinagoga, una logia masónica o simplemente un espacio cultural. Todo menos un almacén de coches, que (por ahora) no pueden rezar por el daño que nos hacen sus emisiones a la atmósfera.
Ojalá que la sensibilidad de los propietarios, de las instituciones y de los vigueses propiciara un mejor futuro para la iglesia de los Apóstoles.
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