Opinión | Newsletter de Deportes
El Celta no existe
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Las conclusiones y verdades absolutas en el fútbol tienen una caducidad tan corta como las promesas de un político en campaña electoral. Cuatro días después de conseguir que Alexis García, un chaval nacido en Parets del Vallés y que llegó a ganarse unos euros en ese engendro de la Kings League de Ibai y sus colegas, pareciese el hijo catalán de Cafú el Celta se presentó en el Santiago Bernabéu para organizar una pira funeraria en la que a estas horas Florentino estará decidiendo si quema a Xabi Alonso solo o en compañía de otros. Hay pocas formas más deliciosas de alejar las lógicas dudas que dejó en el ambiente la serie de partidos Ludogorets-Espanyol-Sant Andreu. Una cosa no quita la otra; la victoria de ayer no borra esa semana claramente mejorable, aunque es evidente que la compensa. Claudio, para escarnio de Xabi Alonso, gobernó el partido desde la banda y el asombroso Borja Iglesias (otro día que Morata llora desconsolado en Como por ese Mundial que se le escapa) lo hizo desde el campo para sepultar al Real Madrid en su impotencia y empujarlo a un ataque de frustración sin precedentes que convirtió el final del partido en algo parecido a una crónica de sucesos.
Alguna vez ya hemos hablado de este asunto que contamina el fútbol español hasta un punto insoportable. Es enfermiza la intolerancia que el Real Madrid y su entorno (extrapolable también al Barcelona, con el que comparte tantos vicios, aunque ambos traten de disimularlo) tienen con la derrota. Los equipos más favorecidos por el sistema desde hace décadas hoy compiten por el absurdo título del maltratado del año y ponen sus inmensas maquinarias al servicio de un discurso completamente distorsionado para ganar un combate que solo les interesa a ellos, pero que por desgracia invade al resto del fútbol español que se ve incapaz de librarse del atronador ruido que generan. Son como vecinos que se tiran todo el año haciendo obras en su casa. Eso inevitablemente ha arraigado en su vestuario, donde han terminado por creerse sus propias mentiras, lo que explica reacciones como la de ayer, con ese desquiciamiento general, propio de una legión de malcriados, mientras un árbitro que pitó lo que debía resistía el acoso furibundo de medio Real Madrid que una vez más había decidido culpar de su derrota al empedrado.
Como es costumbre, lo más divertido (y a la vez triste) de ganar en el Bernabéu sucede en las horas siguientes al pitido final del árbitro. El Celta, protagonista indiscutible de la noche, deja de existir en la capital. Desaparece del debate, de los comentarios, del análisis. Nunca estuvo allí y los geniales goles de Williot fueron una alucinación nuestra. Todo gira en torno al árbitro, a Xabi Alonso, a sus jugadores, a Negreira… El Real Madrid pierde porque el mundo les odia, no porque el Celta les maniatase durante hora y media y supiese cómo castigarles cuando pudo. Los voceros de Florentino denuncian en la radio, Xabi Alonso se convierte en una versión de Mourinho vestida por Armani y en ese bucle viven durante horas sin darse cuenta del daño que se hacen.
Para el Celta, el triunfo es un chute de energía inmenso de cara al final de año. Claudio soltó una verdad a medias a la conclusión del partido con aquello de que los tres puntos son como cualquier otros. Claro que sí. Lo puede defender con más intensidad si fuese profesor de matemáticas, pero como entrenador de fútbol sabe perfectamente el significado de algo así y la importancia que cobra justo después de esa semana en la que el equipo pegó tumbos de un lado a otro. Eso también lo tiene claro, aunque a veces prefiera hacerse el despistado. En su hoja de servicios ya tiene su primer triunfo en un escenario gigante. No será el último.
Renato Dall’Ara, el corazón de Bolonia
Como me he enrollado con lo vivido ayer, les dejo aquí la historia irrepetible de la semana que tiene como protagonista al siguiente rival del Celta en Europa, el Bolonia. Era obligatorio recordar en este punto la figura de su emblematico presidente, Renato Dall’Ara (que da nombre a su estadio). Es el personaje más importante de su historia, alguien que convirtió a un modesto equipo de la Emilia-Romagna en uno de los grandes de Italia y que murió de forma trágica en 1964 defendiendo los intereses del club al que tanto había dado en vida.
Es hora de marcharse a disfrutar de este lunes de dulce resaca y de recrearse en ese último regate de Williot a Courtois que parece justicia divina después de lo sucedido hace un año en la infame eliminatoria de Copa. Qué sencilla resulta a veces la genialidad. El sueco hizo buena esa frase de que para empatar un partido necesitas noventa minuto de esfuerzo y para ganarlo un solo segundo de talento.
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