Opinión | Editorial
Punto y final a la burla de Cerdedo

AVE que parte del complejo intermodal de Urzaiz, en Vigo. / Víctor P. Currás
Una de las mayores frustraciones ciudadanas se produce al constatar cómo demandas unánimes —un adjetivo que en estos tiempos de polarización está prácticamente en desuso— son ignoradas por los gobernantes. Cuando ese desentendimiento es crónico, la reacción escala varios peldaños hacia el de la indignación. Aunque la tentación de algunos fuese que el paso del tiempo enterrase reclamaciones sociales justas y legítimas, que se desengañen, porque pinchan en hueso. La perseverancia está garantizada y el olvido, descartado. La conexión directa por alta velocidad entre Vigo y Ourense es el paradigma de esa tenacidad a prueba de reiteradas exclusiones y desprecios. Vigo y todo el sur de Galicia no cederán nunca en su exigencia. Vigo no es una ciudad construida desde la fatalidad; al contrario, sus pilares son el trabajo, la constancia y la reivindicación. Vigo no calla ni se somete ante las injusticias. Vigo reclama y se rebela.
Que la ciudad más importante no solo de Galicia sino del Noroeste peninsular no tenga en 2025 una línea directa de alta velocidad con Madrid es un escarnio. Que sea la única gran urbe española que sufre esa marginación, una vergüenza. Y que en los despachos de Adif, el gestor de las infraestructuras ferroviarias, el pensamiento dominante sea que estamos ante un asunto insignificante, provoca indignación.
En el último mapa sobre el presente y el futuro de la alta velocidad española que presentó el ministro de Transportes, Óscar Puente, desapareció de forma súbita el proyecto entre Vigo y Cerdedo. Sí estaba la salida sur que conectará —dentro de casi dos décadas— la ciudad olívica con la frontera portuguesa para enlazar con la línea Oporto-Lisboa.
La eliminación, que posteriormente algunas fuentes ministeriales intentaron justificar como «un error» —y el propio ministro corrigió por boca del alcalde Abel Caballero— refleja fielmente el sentir de la mayoría de los técnicos-burócratas de Adif. Estos supuestos expertos defienden —y su posición año tras año y ministro tan ministro se acaba imponiendo— que Galicia no necesita otro ramal de alta velocidad. Que con la actual conexión Madrid-Ourense-Santiago la comunidad está más que servida. Alegan razones de coste económico, falta de demanda de viajeros e impacto medioambiental. Su obstinación por excluir a Vigo y a un territorio de más de un millón de personas, potenciales viajeros directos, es tan clamorosa como su ignorancia.
Vigo es el centro de una eurorregión atlántica. Su posición geográfica es estratégica. Además, es el motor demográfico y económico-industrial de Galicia y en los últimos años se ha convertido en un polo turístico de primer nivel. Por si esto pesase poco, un enlace de alta velocidad desde la ciudad con la capital de España sería la mejor opción que tendrían nuestros vecinos del norte de Portugal, condenados a bajar a Lisboa para conectar con Madrid.
Los argumentos, que hemos repetido en múltiples ocasiones en este mismo espacio editorial, no hacen mella en las obtusas mentes de los tecnócratas de Adif, quienes, al parecer, siguen controlando desde las bambalinas las riendas del ministerio, con independencia de quien sea su titular.
Óscar Puente tomó la cartera con el encargo presidencial, en sus propias palabras, de revolucionar las infraestructuras del país. A la vista de lo que ha hecho hasta ahora, está claro que su ardor revolucionario no es capaz de traspasar el Padornelo. Para ser justos, hay que reconocerle al ministro que haya desempolvado el proyecto por Cerdedo que ahora se mueve, sí, pero a paso de tortuga. Un proyecto que si sigue a esta penosa velocidad —y dando por bueno que no se volverá a congelar, que es mucho dar— se haría realidad en tres décadas. Sobran las palabras.
Los continuos desprecios en forma de olvidos de Adif, y por extensión del ministerio de quien depende, hacia el AVE por Cerdedo ha llegado a colmar la paciencia de sus más fervorosos defensores, como el alcalde Abel Caballero. Tras comprobar que el mapa oficial del AVE ignoraba Vigo, el regidor se vio obligado a salir en tromba para exigirle a Puente una inmediata rectificación, una enmienda que se produjo, es verdad, en 48 horas, como también es cierto que el ministro más verborreico del gabinete Sánchez está mudito sobre este asunto. Su visita a Vigo para decir alto y claro que su compromiso es absoluto y que el Gobierno saldará la deuda histórica que en materia ferroviaria tiene la ciudad y su hinterland sigue pendiente.
Para Puente el noroeste de España no existe. O, para ser más precisos, el sur del noroeste. Por razones fácilmente entendibles, el titular de Transportes se siente mucho más cómodo cuando visita los territorios septentrionales gallegos. Y es que en el norte de Galicia, además de disfrutar de un AVE, invertirá una millonada para dotar al puerto exterior coruñés, rebautizado ahora como terminal logística, de una conexión ferroviaria.
Cerdedo es una patata caliente para Adif, que siempre se ha negado a validar esta conexión. Lo saben bien quienes antes quisieron acotar sus veleidades independentistas (esto es, al margen del político de turno). Desde hace muchos meses, Adif está intentando vender la línea que va paralela al río Miño como la mejor de las opciones para conectar Vigo y Ourense. Desde los despachos del operador ferroviario defienden que una modernización de esa conexión permitiría acortar sustancialmente el tiempo de viaje entre las dos ciudades. No sería, por supuesto, alta velocidad pero tampoco la del tren chuchú actual. Además, se eliminaría el vergonzoso rodeo por Santiago (recuerden el despropósito: los vigueses recorremos 200 kilómetros para llegar a una ciudad que está a 100). Y el coste sería mucho menor (y aquí está el quid de la cuestión) y el tiempo de obras también.
Hasta ahora el mensaje de Adif no ha conseguido calar. El alcalde de Vigo se ha mantenido firme en su reivindicación: una línea de AVE por Cerdedo. Y la sociedad civil tampoco está por la labor de asumir ese trágala, aunque venga envuelto en papel de regalo.
Porque es verdaderamente intolerable que en el mapa de la alta velocidad de España la mayor ciudad del Noroeste quede excluida. Porque es una visión miope y cicatera; porque es injusto y discriminatorio frente a otros territorios; porque se desprecia al principal motor económico y demográfico de la región; y porque es no entender la situación estratégica de Vigo en el contexto de la eurorregión.
Quizá convencidos de que el paso del tiempo juega a su favor, que la posición firme y cohesionada de Vigo sobre el AVE por Cerdedo acabará decayendo, los jerifaltes de Adif perseveran en su estrategia de dar largas (proyectos, estudios y más monsergas burocráticas) y de vez en cuando buscan sorprendernos con mapas en los que por arte de magia esa conexión desaparece. Pero más preocupante que el escapismo de Adif a la hora de afrontar compromisos supuestamente garantizados, es la ausencia y el silencio de Óscar Puente, un ministro que además dar largas tampoco da la cara.
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