Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Doctor Ingeniero Naval y profesor AD Honorem UPM-ETSIN | Ingeniero Naval, Catedrático de Universidad, UPM-ETSIN

La construcción naval civil: situación y perspectivas (IV)

El barco de apoyo a buceadores que construye Freire Shipyard

El barco de apoyo a buceadores que construye Freire Shipyard / Seaplace

El reciente incidente de Cardama sobre las patrulleras que está construyendo para Uruguay vuelve a atraer la atención sobre el subsector de la construcción naval militar, que lleva meses en el “candelabro” como consecuencia del notable incremento de los presupuestos de defensa en todo el mundo, especialmente en los países OTAN.

Algunas cifras. De acuerdo con las estadísticas del Ministerio de Defensa español (Mindef), nuestro presupuesto de defensa ha estado en los últimos 15 años en torno al 1% del PIB. Aunque el Gobierno ha anunciado que España se mantendrá lejos del 5% pedido por el presidente Trump, parece factible alcanzar el 2% o 2.5% en los próximos años, duplicando con creces el nivel en el que nos movíamos. Cada punto porcentual de incremento supone 16.000M€, de los que la Armada recibirá la parte que le corresponde. El esfuerzo de los países europeos de nuestro entorno es superior, dando lugar a un incremento de la demanda sin precedentes en tiempo de paz, para el que la industria de defensa no está, lógicamente, preparada.

La construcción naval española se encuentra así frente a una oportunidad de incremento de negocio y carga de trabajo consecuencia de la demanda nacional y extranjera, la cual, junto a nuestros astilleros públicos, también pueden aprovechar los privados, que están demostrando una solvencia sobresaliente en buques de todo tipo. Una oportunidad que reúne cuatro valores capitales: contribución a la defensa nacional, creación de empleo de calidad, creación de beneficio empresarial e impulso de la innovación.

Prácticamente todos los astilleros privados españoles tienen en su portfolio buques militares. Armón, con el Duque de Ahumada (en la práctica un OPV) entregado recientemente a la Guardia Civil, y los buques auxiliares en construcción para la armada sueca, Freire, con el barco de apoyo a buceadores para Mindef, y Cardama, con los OPVs para Uruguay, son una muestra, a la que hay que añadir a Rodman y Aister, cuyos barcos son a menudo obviados en las estadísticas.

No hay ninguna duda sobre la capacidad de nuestros astilleros privados para aprovechar la oportunidad, y seguro que lo harán con la solvencia habitual. Para lograrlo, será necesario reforzar la capacidad técnica y de gestión frente a requisitos militares, incorporando las ingenierías logística y de sistemas; dar visibilidad y protagonismo a la cadena de suministro, de acuerdo con su relevante contribución en todos los procesos; asumir la colaboración entre astilleros nacionales e internacionales (un mantra en Bruselas), aprovechando las relaciones privilegiadas con Portugal; apostar decididamente por la transformación digital como camino para la innovación en productos y procesos. Para todo ello habrá que aumentar apreciablemente el peso de la ingeniería en toda la cadena de valor.

Se trata de un reto extraordinario, proporcional a la oportunidad, que será más fácil de superar si se cuenta con los apoyos adecuados, que nuestro Gobierno puede proporcionar, y que debe abarcar al menos los ámbitos institucional, financiero y técnico: en el institucional, aumentando el respaldo del Ministerio de Asuntos Exteriores, pues un país cliente actúa de distinta manera frente al Gobierno de España que ante un astillero particular; en el financiero, ampliando el apoyo del Gobierno a la capacidad de Pymar para dar cobertura a operaciones como la de Cardama; en el técnico, dando soporte desde los órganos que Mindef tiene bien engrasados, como son el Área de Inspecciones Industriales de la DGAM y la de Inspecciones de Construcciones y Obras de la JAL. Y como elemento integrador, los acuerdos intergubernamentales, conocidos como «G2G» por sus siglas en inglés. Se trataría así de apoyar a los astilleros privados de manera análoga a como se viene haciendo con los públicos, con ejemplos próximos como los de los contratos con Tailandia, Noruega y Australia, todos ellos ejecutados en Ferrol.

En resumen, una oportunidad y reto de magnitudes históricas para los que estamos preparados, pero mejor con el apoyo de nuestro Gobierno.

Tracking Pixel Contents