Opinión | Libre Directo
Una semana de oprobio
Esta semana te explica como pocas el fútbol español. En solo unos días se condensan sus peores vicios y queda retratada ese desigualdad histórica que lejos de corregirse se amplifica con la complicidad de la autoridad competente y las palmas agradecidas de la corte. La Copa del Rey es una competición castrada ahora mismo. Debería ser el torneo que enloqueciese a los aficionados por su capacidad para la sorpresa y por el aliciente de ver a los modestos poniendo en apuros a conjuntos de superior categoría, pero el derecho de pernada otorgado a los cuatro participantes en la Supercopa lo desvirtúa por completo. Hemos naturalizado una perversión, la corrupción que conlleva que aquellos que más recursos, dinero y plantilla tienen se salten, por la gracia de Rubiales y ahora de Louzán, dos eliminatorias y entren en la competición con la garantía de enfrentarse a los equipos de menor categoría que aún sigan en el torneo. Un premio para el pequeño que aún sobrevive en la competición, pero una injusticia infinita para el resto. Es como si un soldado se alistase a última hora y presumiese luego de haber ganado una guerra tras pisotear los cadáveres de quienes llevaban meses en combate. Una anomalía que solo ocurre en España y que costaría la cabeza de cualquier iluminado que se atreviese a plantearlo en países como Inglaterra, Alemania o Francia, más respetuosos con aficionados, tradición y clubes.
En España el aberrante modelo se ha consolidado sin apenas oposición. Cada vez que surge alguna voz indignada la Federación Española agita de manera insinuante el cheque que recibe de los árabes por llevarse la Supercopa a Oriente y asunto zanjado. El dinero justifica saltarse cualquier principio básico. Por esa misma regla podrían colocar a tres de ellos en semifinales. Sobrarían “aplaudidores”, adictos a los clásicos y nostálgicos de esa Superliga que no acaba de llegar para celebrarlo con entusiasmo. Todo sea por “combatir la desigualdad social, hacer del fútbol una herramienta de desarrollo y entendimiento y combatir la discriminación de la mujer” como dijo Rubiales desde sus más profundas convicciones feministas cuando presentó el acuerdo con los árabes.
Para completar el desatino y amparados en que el calendario apenas ofrece alternativas la Liga y la Federación hacen coincidir la segunda eliminatoria de Copa con los partidos que Real Madrid, Barcelona, Atlético y Athletic deberían jugar el fin de semana que se van de excursión a Riad a hacer el bien y a cobrar una talegada. En una semana en la que el foco debería estar puesto en las pequeñas historias que encierran estas eliminatorias llegan los elefantes a pisotearlo todo con sus partidos de Liga tan apetitosos para el estruendoso «Barçamadridismo», acaparando debates y horas de televisión y radio a cuenta del futuro de Xabi Alonso y la sonrisa recuperada de Flick. El ninguneo una vez más del modesto cuyos gritos de alegría apenas se escuchan. Imaginen que el día que se juega el Torneo EncestaRías de mi querido Diego Doval aparece Lebron James y se pone a hacer mates delante del pabellón. Pues lo mismo. Esta es la semana en la que quienes están libres de servicio copero por capricho federativo irrumpen en la fiesta del humilde para recordarles que ellos siempre ganan. Jueguen o no.
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