Opinión
«Te lo dije»
La frustración de una advertencia ignorada

“Tres caminos para una misma carrera, y un aviso que llevaba tiempo en el aire.” / ChatGPT/EliRG
Pocas cosas calientan más al personal —en el mal sentido— que un «te lo dije». Da igual el ámbito. En casa, en el trabajo, por la calle… El «te lo dije», con todas sus variantes, enerva hasta al más sosegado porque es la constatación de que te has equivocado, de que no lo has hecho bien. Y de que estabas advertido. ¿Que había que apretar una pata de la silla, procrastinaste y acabaste en el suelo? «Te lo dije». ¿Que había que ponerse antes con un informe porque el tiempo vuela y el jefe lo quiere para ya? «Te lo dije». ¿Que debía vigilar por dónde pisaba porque algún desalmado paseó al perro y no recogió lo que debía, hice caso omiso y acabé marcándome un dirty dancing (nunca mejor dicho)? «Te lo dije». ¿Que la descentralización de Medicina de la USC estaba cogida con pinzas y que la facultad compostelana no iba a cumplir lo comprometido por los tres rectores? «Te lo dije».
El incumplimiento de la descentralización de Medicina
«O una facultad grande descentralizada y potente, o tres pequeñas», advertía este lunes Alfonso Rueda al término del Consello de la Xunta. Pues me temo que va a ser la segunda opción, porque es público y notorio que la USC no quiere compartir Medicina, por mucha presión que ejerza la Administración autonómica —la competente en materia de Educación—. Ya no lo hizo tras el pacto de 2015, incumplido de arriba abajo, y tampoco ahora. Digamos que aquella crisis se cerró en falso. La sutura estaba floja —por usar un argot sanitario—, no se desinfectó bien la herida, no se hizo la rehabilitación prescrita y el paciente ha vuelto al punto cero: con las universidades de Vigo y A Coruña lanzadas a por su propio grado. «Te lo dije».
A estas alturas, insistir en la descentralización efectiva de la carrera es perder el tiempo, un brindis al sol que ya no se cree nadie, sobre todo cuando es la propia Facultade de Medicina de la USC la que se opone frontalmente. Así que, en mi opinión, lo que sí conviene es trabajar —y en Vigo ya lo están haciendo— en fundamentar un grado propio que se diferencie de los otros dos que coexistirán en Galicia: el de la USC y el de A Coruña. Porque conviene recordar que fue esta última universidad la que agitó el avispero médico el pasado mayo, pero que la UVigo viene reclamando la facultad desde principios de los años noventa. Se trata, en definitiva, de especializar nuestros estudios de Medicina respecto al resto.

El Consello de Goberno de la UVigo celebró una sesión extraordinaria en el campus. / Alba Villar
La apuesta de Vigo: un grado propio y especializado
El grupo de trabajo que lidera África González, junto a dieciocho expertos, lo tiene clarísimo. Como adelantaron mis compañeras Sandra Penelas y Ana Blasco, se están centrando en epidemiología, enfermedades crónicas, telemedicina, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico, big data y bioética contemporánea. Es decir, en lo que viene y en lo que ya está aquí.
Al final, cada cual acaba donde quiere estar: unos defendiendo con uñas y dientes lo que tienen, otros construyendo lo que viene. Y en ese punto, Vigo ya ha elegido —con rigor, con ambición y, sobre todo, sin autoengaños—. Quizá dentro de poco, cuando el mapa universitario gallego cambie de verdad y ya no haya vuelta atrás, alguien repase lo ocurrido y repita aquello de que todo estaba cantado desde el principio. Yo, por mi parte, prometo contenerme. No voy a decir «te lo dije».
De verdad que no.
O eso intentaré.
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