Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia
Un jueves de colapso
El jueves pasado, Pedro Sánchez no pudo elegir entre una noticia buena y otra mala. Las dos —la entrada de Ábalos en la cárcel y el rechazo del Congreso a la senda de déficit— ya no eran malas sino pésimas. Pero, ¿cuál es la peor? ¿La aparatosa, Ábalos, su secretario de organización y luego el ministro con más capacidad de gasto, entrando en la cárcel? ¿O la de fondo, la votación que confirma que no tiene mayoría ni para los Presupuestos ni para gobernar?
En las páginas de la prensa gana por goleada Soto del Real. Y la prensa cuenta. Y lo de Ábalos casi parece una venganza divina. Fue el portavoz socialista que, en 2018, pronunció el discurso de la moción de censura contra Rajoy prometiendo que la corrupción moriría. Y siete años después el fiscal anticorrupción le pide 24 años de cárcel por, entre otras cosas, organización criminal y blanqueo de capitales. Y el magistrado del Supremo, Leopoldo Puente, no adscrito al sector Marchena, ordenó su ingreso en prisión y el de su escudero Koldo García —le piden 19 años— por grave riesgo de fuga. El PP está exultante y Feijóo ha convocado hoy una gran manifestación, la séptima, contra Sánchez. ¿Quién a hierro mata, a hierro muere?
La autoridad moral de Sánchez está hecha trizas. Respetando la presunción de inocencia, hay claros indicios de que Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García cobraban comisiones aprovechando su dominio de un ministerio clave. Y además las conversaciones grabadas por la UCO indican un trato a las mujeres radicalmente contrario al proclamado feminismo del PSOE, que incluso quiere prohibir la prostitución. Nombrar fiscal general del Estado a una magistrada líder contra la violencia de género para relevar al condenado la semana pasada por el Supremo —en una sentencia que aún desconocemos— no parece suficiente penitencia. Y afirmar que el PP no puede criticarles porque las mordidas de Bárcenas eran más abultadas no exculpa de nada. Todo lo más —si PP y PSOE se pelean por quién muerde menos— el único beneficiado será Vox.
Además, Ábalos en la cárcel, y desesperado porque a sus 66 años teme una larga pena de prisión, puede creerse una víctima y empezar a disparar mierda. Más contra Sánchez y el PSOE, que debe pensar que le han abandonado. De hecho, ya un día antes y en una entrevista telefónica con El Mundo, dijo que había que investigar el rescate de Air Europa porque por ahí se llegaría bien a Begoña Gómez, la esposa de Sánchez, a la que el juez Peinado quiere llevar al escarnio de un juicio por jurado. Y un presidente del Gobierno debe elegir bien a sus colaboradores más próximos. Ábalos y Santos Cerdán indican que, como mínimo, Sánchez no sabe seleccionar. Y el PSOE pierde un diputado —hasta ahora y pese a haber ido al grupo mixto Ábalos votaba con el PSOE— y un voto menos perjudicará al Gobierno en las votaciones parlamentarias.
Pero pongamos que Sánchez consiga torear el caso, la pérdida, también el jueves, de la votación para aprobar la senda de déficit —el primer paso para sacar los Presupuestos— indica algo más grave y que ya parece sin retorno. No es solo el despegue de Junts y Podemos de la mayoría de la investidura, lo del jueves puede repetirse las próximas semanas y confirmar una mayoría negativa y contraria a Sánchez de 178 diputados (PP, Vox, UPN y Junts) contra los 164 del Gobierno más la mayoría de sus socios, y la abstención –no apoyo a Sánchez– de otros cinco diputados, cuatro de Podemos y una de Compromís. ¿Puede el Gobierno sobrevivir así, sin mayoría, con el escándalo de sus dos sucesivos jefes del aparato y con Ábalos disparando contra Begoña?
Su único salvavidas es que Junts —por mucho que Feijóo insista a Sánchez Llibre— es muy difícil que vote cualquier moción de censura porque ahora tiene 7 escaños que le permiten ser el rey del mambo y no le interesa nada arriesgarlos. Y la economía tira lo suficiente para poder subir el salario de los funcionarios un 11% en tres años. ¿Se acuerdan de cuando Zapatero y luego Rajoy —le llamaron austericidio— debían recortar porque España tenía que gastar mucho más de lo que podía recaudar y endeudarse en los mercados?
Un político socialista, hoy retirado, me dice que Sánchez no ha tenido un jueves negro sino un jueves de colapso. ¿Definitivo? «Bueno, con Sánchez…».
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