Opinión | El boletín del Director
Líos
El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV
Que vivimos en el país de los líos y los embrollos no es noticia. Grandes maestros del columnismo lo han contado como nadie. Mariano José de Larra, en el siglo XVIII, y el galleguísimo (aunque escribía en castellano) Julio Camba, entre otros, nos han dejado joyas que todavía hoy resuenan con inusitada actualidad. Nada nuevo bajo el sol, pues. Tanto es así que el sentido común, la inteligencia y la salud mental han desplegado sobre los ciudadanos una especie de caparazón que les permite transitar por este mundo sin que la avalancha de disputas, querellas, escándalos y trapalladas les haga mella. Ellos (nuestros gobernantes, no todos, claro) van a lo suyo y nosotros (los mortales, la mayoría), a lo nuestro. Esa actitud es sabia, pero también peligrosa, porque la distancia entre unos y otros es cada vez mayor, y la desafección por la cosa pública está adquiriendo dimensiones alarmantes. Y es entonces cuando otros (voces ultras, populistas, antisistema y defensoras de modelos autocráticos en el que los derechos y libertades son cosa menor) encuentran el terreno abonado para cultivar y expandir ideas que impactan de lleno sobre la convivencia y la salud democrática.
Claro que las diferencias y las discrepancias son sanas. Claro que el debate es imprescindible; que la defensa de intereses particulares (como los territoriales) es obligada. Pero sin perder la perspectiva general. Porque la sociedad reclama más consensos y menos batallas. Más acuerdos y menos liortas. Más diálogo y menos “y tú más”. Más escucha y menos griterío. Pero eso con frecuencia no parece importar. Y así pasa lo que pasa… Por ejemplo, con la facultad de Medicina.
El lío con la titulación de Medicina es morrocotudo. Tres rectores defendiendo cosas diferentes. Una facultad santiaguesa que va por libre. Conselleiros con flagrantes problemas de autoridad. Alcaldes blandiendo reclamaciones históricas. Una casta médica (compostelana) que se niega a renunciar a privilegios medievales… La cuestión parece sencilla: es impropio del 2025 que Medicina solo se imparta en Santiago. Hay mil razones para defender su descentralización (África González, una científica de prestigio, cabal y rigurosa, las ha expresado más de una vez en nuestras páginas, en ocasiones para sonrojo del propio rector de la UVigo). El reparto de la docencia es bueno para todos, a nadie perjudica. Necesitamos más y mejores médicos. Y los necesitamos ya. Desde FARO siempre hemos defendido esa descentralización que, en buena lógica, debería desembocar en la creación de una facultad propia. Algo tan fácil de entender sigue enquistado (mientras comunidades a un paso de Galicia abren centros). El pacto por Medicina no acaba de llegar y, si algún día se rubrica, será sin convicción, envuelto en la desconfianza mutua. Será un acuerdo bajo sospecha. Y ese es precisamente el mejor caldo de cultivo para que haya lío. Todavía más.
Si Medicina es el cuento de la buena pipa, qué os voy a decir del Ifevi. El recinto ferial de Vigo, un monstruo anticuado e ineficiente, necesita ya tres cosas: una ampliación que atienda las demandas de la ciudad (no solo la de los promotores de Conxemar) y que incluya mejores accesos y aparcamientos; un plan estratégico que indique el camino a seguir con luces largas y huyendo del cortoplacismo (y esto también pasa inexcusablemente por otro modelo de gestión y una política comercial mucho más agresiva que capte eventos y ferias todo el año); y un acuerdo entre las administraciones (local y autonómica) que permita darle estabilidad a una infraestructura capital en el desarrollo de Vigo y su gran área. De todo esto hay pocas noticias (solo un pasito adelante sobre el plan funcional que me gustaría ver como un brote verde). Hasta ahora se ha impuesto el cruce de reproches y críticas. Y esto no va de tener razón o buscar culpables. No va de yos y sí de nosotros. Se trata de quitarse la camiseta política, meterse en una sala y no salir hasta lograr la fumata blanca. Para firmar no el mejor acuerdo (mi ingenuidad tiene límites), sino un pacto útil en el que todos cedan. Todos. Porque si las cesiones son recíprocas, gana la ciudad. Y de eso se trata, ¿no?
A este paso, todos los gobiernos –estatal, autonómicos y locales– deberían crear el ministerio-consellería-concellería de los líos. Concentrar todos los embrollos en un solo departamento y que el resto se ponga a trabajar en aquello que de verdad importa a los ciudadanos. Definitivamente, soy un ingenuo.
P. D.: A Audasa le gusta, vive (y muy bien) del lío. La prórroga de su concesión por parte de Aznar en el año 2000 hasta 2048 fue una vergüenza. A esa prolongación ilegal (Europa dixit) le han seguido más decisiones erróneas y chapuceras (de Gobiernos del PP y PSOE). El Supremo le había parado los pies (por fin) a la empresa y obligado a indemnizar a los conductores que quedaron atrapados en la autopista por culpa de las obras de ampliación. Pero Audasa (que gana una millonada cada año) se resiste y pleiteará primero en el alto tribunal y después en el Constitucional. Se trata de enredar y dilatar los pagos. De fomentar el lío. Y mientras tanto, ring ring, caja.
¡Buen finde!
Email: director@farodevigo.es
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