Opinión
La dictadura franquista, 50 años después
Memoria de las consecuencias del régimen dictatorial
«Españoles, Franco ha muerto», anunciaba públicamente Carlos Arias Navarro a través de Televisión Española el 20 de noviembre de 1975. De ese modo, España cerraría una etapa de treinta y seis años de un régimen dictatorial, autocrático y autoritario que concentraba el poder político en la figura del dictador, que utilizó el poder de forma perversa y que eliminó libertades políticas, pluralismo y elecciones libres. Hubo que esperar al fallecimiento del dictador para conseguir regresar a un sistema democrático en España, a través de la Transición, y ya de la mano de la Constitución de 1978.

La dictadura franquista, 50 años después
Recientemente, el CIS preguntó cómo fueron los años de dictadura franquista para España. Y, frente a un 65,5% de los encuestados que los consideró malos o muy malos, un 21,3% de los encuestados respondió que buenos o muy buenos. Si bien esas respuestas no implican una valoración sobre el régimen franquista, sino sobre la evolución del país en el conjunto del período, cabe recordar algunas pinceladas de qué supuso el franquismo para España.
En su origen, la dictadura franquista emerge de un alzamiento militar contra un sistema político con legitimidad democrática, generando una guerra civil atroz que conllevó un enorme sufrimiento y pérdida de vidas. Esa contienda supuso una tragedia con excesos en ambos bandos, pero a mayores la victoria franquista condujo a una fase de dura represión contra los sectores republicanos y no afines al régimen que se caracterizó por su intensidad y sistematización.
En cuanto a los derechos y libertades, el franquismo impuso su modelo a través de la coerción del Estado, y eliminó derechos y libertades como los de expresión, asociación o prensa, entre otros. El retroceso fue histórico y perduró durante décadas. Como ejemplo, el franquismo derogó la ley de divorcio de 1932 y hubo que esperar hasta 1981 para que los matrimonios españoles pudiesen divorciarse legalmente de nuevo.
El modelo político de la dictadura también estableció un marco institucional depredador y extractivo al servicio de los intereses de las élites del régimen y de la coalición social que lo respaldaba. De este modo, ciertos sectores políticos, económicos y religiosos resultaron especialmente beneficiados desde la discrecionalidad del poder del Estado.
En relación a la evolución económica, el programa económico del primer franquismo, basado en la autarquía y el intervencionismo, conllevó una larga noche para la economía española y años de penuria, hambre y dificultades para millones de españoles. De hecho, España no recuperaría los niveles de producción de la II República hasta la década bisagra de los cincuenta, cuando empezaron a abrirse paso tímidos cambios políticos y económicos.
Será con el Plan de Estabilización y Crecimiento de 1959 cuando la economía española experimente un fuerte crecimiento y se avanzó en el desarrollo del país. Sin embargo, muchas dificultades seguían presentes. De hecho, unos dos millones de españoles emigraron entonces hacia Europa para buscar un futuro que en España les era imposible alcanzar. No por evidente debe dejar de recordarse que, incluso en los años de crecimiento del franquismo, los niveles de renta y bienestar de la población española nada tenían que ver, ni de lejos, con los de la España actual.
En paralelo a todo ello, el modelo franquista apostó por el reparto de privilegios, pero adoleció de falta de apuesta por un Estado del bienestar generalizado y homologable al que por aquel entonces desarrollaban otros países europeos. Por ejemplo, en el ámbito de la sanidad pública universal o en el del acceso a la educación superior, la brecha española era inmensa respecto a los países europeos más avanzados.
La dictadura franquista no representó nada bueno para España. Claro que en su última etapa el país creció y se desarrolló, pero el modelo franquista y sus ideas conservadoras, paternalistas y autoritarias, fueron un error y una perversión. Obstaculizaban la modernización y la europeización de nuestro país y, desde luego, impidieron la democratización y la libertad. Del franquismo podemos aprender lo que un país no debe hacer para impulsar la prosperidad, las libertades y el bienestar.
Por supuesto que coincido con Javier Cercas en que la celebración deberá estar en el aniversario de la aprobación de la Constitución y en reconocer la Transición y la consolidación democrática. Pero este 20-N sirve también para recordar lo que la historia, los datos y la evidencia nos dicen del franquismo. Y para recordárselo a las generaciones más jóvenes.
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