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Opinión

La verdad, a la cara

La última vez que Óscar Puente estuvo en Vigo, en enero de 2024

La última vez que Óscar Puente estuvo en Vigo, en enero de 2024 / Ricardo Grobas

«Todo el mundo quiere venir a Vigo». Es una frase que el alcalde repite cada dos por tres y que, a la vista de las estadísticas de viajeros y pernoctaciones, de ferias y congresos, es una verdad como un templo. La ciudad está de moda, y eso lo percibes cuando viajas fuera: la Navidad, el Celta, las Cíes, O Marisquiño, el dinamismo empresarial, la oferta de ocio, cultural, musical… La marca Vigo ha dado un salto exponencial en los últimos años y, por eso, como remarca Abel Caballero, todo el mundo quiere venir. Todo el mundo... menos Óscar Puente.

Tras un repaso rápido a la hemeroteca, compruebo que, en el último año, han venido a vernos cinco ministros de PSOE y Sumar y dos vicepresidentas, la mayoría en visita oficial. Luis Planas inauguró Conxemar; Ángel Víctor Torres, unas jornadas sobre transporte marítimo de mercancías en Zona Franca; Margarita Robles visitó las instalaciones de Indra; Ernest Urtasun, los terrenos donde se construirá —a ver si es verdad de una vez— la Biblioteca del Estado; Pilar Alegría estuvo con los usuarios de Down Vigo en su nueva sede del Casco Vello; Sara Aagesen pasó revista a las obras de regeneración de Samil; y Yolanda Díaz participó en varias manifestaciones.

Seguramente se me escape alguno más, y tampoco incluyo las visitas privadas por placer o vacaciones. Pero resulta llamativo que el ministro con más cuentas pendientes en Vigo, el que más volumen de inversión maneja de todos, y que sí ha estado en otros puntos de Galicia en el último año (en Palas de Rei, Ferrol, A Coruña y Santiago), rehuya Vigo sistemáticamente, sobre todo siendo ésta una de las contadas grandes ciudades en manos del PSOE, en la que obtiene unos resultados meteóricos contra viento y marea (aunque en este caso poco tienen que ver las siglas). Más aún teniendo en cuenta que, en su etapa como alcalde de Valladolid, presumía de sus escapadas a Vigo.

Cualquiera podría pensar que tiene miedo de someterse al escrutinio de los vigueses, de responder a preguntas incómodas o de garantizar, de viva voz, con luz y taquígrafos, su compromiso ineludible y el de su Gobierno con las grandes infraestructuras pendientes de esta ciudad: la variante de AVE por Cerdedo (que nos ahorraría la humillación de dar un rodeo por Santiago para ir a Madrid o tener que coger el coche hasta Ourense), la salida sur ferroviaria hacia Oporto, la autovía en túnel hasta Porriño, la catalogación de Vigo como puerto nodal de la Red Básica Europea… Porque meteduras de pata lleva unas cuantas. La última: mostrar un mapa de la Alta Velocidad en España en el que brillaba por su ausencia Cerdedo, un «error» de la empresa que lo confeccionó, según le transmitió a posteriori el propio Puente al alcalde cuando éste montó en cólera, y con razón.

Como sabemos que le gusta la Navidad —la última vez que estuvo aquí fue el 5 de enero de 2024, durante un viaje de pruebas de los nuevos Talgo, acompañado por los Reyes Magos—, qué mejor momento para visitar Vigo y sacarnos a todos de dudas. Si «todo el mundo quiere venir a Vigo», quizá vaya siendo hora de que el ministro deje de ser la excepción que confirma la regla. La ciudad no le pide reverencias ni gestos grandilocuentes; solo un compromiso firme con unas infraestructuras que son de justicia. Y si lo que necesita para decidirse es una excusa luminosa, aquí la tiene: calles abarrotadas, luces encendidas y un territorio que, le guste más o menos, también forma parte de su cartera. Así que dé el paso. Venga. Y, por una vez, cuéntenos la verdad mirándonos a la cara.

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