Opinión | Newsletter de Deportes
La enfermedad del entrenador
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
La misma noche en la que Luis Enrique se proclamó campeón de Europa con el PSG alguien le preguntó por el futuro, el clásico «y ahora qué». El asturiano, lejos de abroncar al periodista como es costumbre o pedir tiempo para disfrutar de la victoria, tuvo clara la respuesta y el mensaje que exigía el momento: «Ahora toca cambiar porque esto ya no sirve. Los rivales nos conocen, saben lo que hacemos y si no cambiamos nos ganarán el próximo año». Si eso lo piensa alguien que tiene bajo su mando una plantilla descomunal y el respaldo financiero de Catar para salir de compras con más alegría que Georgina Rodríguez qué no pensará un técnico de equipo modesto que cada vez que apaga la luz para dormir escucha vocecillas que le recuerdan la necesidad de gastar menos y abaratar el coste de la plantilla. Ser entrenador es un desafío permanente en este fútbol actual que obliga a manejar tantas variables. Iago Aspas dijo al acabar el partido en Vitoria que «nuestro entrenador es un enfermo de la preparación de los partidos» y a partir de esa frase resulta relativamente sencillo imaginarse lo que son las semanas para Claudio, esa obsesión por sacar provecho de sus recursos, por anular los del rival, por evolucionar, por cambiar permanentemente para modificar esa partitura que los contrarios parecen tener ya estudiada. Tiene razón Iago, como casi siempre: es una profesión enfermiza y en la que (esto lo añado yo) cada vez veremos carreras más cortas en la élite por el desgaste tan salvaje que supone a todos los niveles. No habrá Magureguis, ni Iruretas, ni Luis Aragonés ejerciendo de abuelos desde la banda. Solo hay que ver cómo encanece el pelo de los entrenadores o directamente se desploma en apenas unos meses para entender lo que supone ese oficio.

Iago Aspas muestra el escudo tras marcar, de penalti, el único gol del encuentro / Adrián Ruiz
Ante el Alavés al Celta le funcionó ese plan que consistía en ser una mejor versión del propio Alavés, ganarle en su terreno y dejar así a Coudet sin respuesta porque el argentino, como bien sabemos en Vigo, no tiene mucho más repertorio. Un plan bien trabajado en el que los vigueses se parecieron poco a esa imagen prefabricada e inexacta con la que muchos analistas que tocan de oídas quieren identificar al equipo de Claudio. «Fue el mejor Celta de la era Benítez» sentenció ayer Armando con su lucidez habitual (y eso que todavía no había empezado con su ronda de cafés vespertinos). Una verdad como un templo, pero también un elogio merecido a Claudio que dirigió a su equipo a ese contexto ideal para llevarse una victoria que instala al Celta en esa paz ideal para no sentir agobios y afrontar el atropellado calendario de los próximos dos meses liberado para dibujar nuevos sueños. Dos meses en los que Claudio tendrá apenas tres días para preparar cada compromiso y que llevarán a Aspas a recordar de nuevo que su entrenador va camino de perder la cabeza.
Támara Echegoyen se lanza a otro sueño oceánico
Támara Echegoyen, una de las grandes personalidades de la historia del deporte gallego, saltará en unos días al oceáno en busca de una meta gigantesca: conquistar el Trofeo Julio Verne, que consiste en batir el récord del mundo en dar una vuelta al mundo sin escalas en un barco a vela. Lo intentará con una tripulación completamente femenina en la que ella será la única española a bordo. El objetivo, rebajar los 40 días y 23 horas que hace ocho años invirtió el «IDEC Sport». En este reportaje la gallega explica todo lo que encierra un desafío como éste y la pasión que ahora mismo siente por la vela oceánica. En unos días, dependiendo de la ventana de oportunidad que ofrezcan las borrascas (aliadas de esta clase de reto), Támara pondrá en marcha la cuenta atrás.
Jock Stein, caído en el campo de batalla
Como es costumbre me despido con la historia irrepetible de la semana. Con la excusa de la reciente clasificación de Escocia para el Mundial, traigo lo sucedido en 1985 cuando otra clasificación mundialista acabó de la peor manera porque Jock Stein, el seleccionador escocés de aquel momento, sufrió un fulminante edema pulmonar en el mismo campo que acabó con su vida. Sucedió justo con el pitido final del partido. Stein era un tipo grande en todos los sentidos que defendía como nadie el compromiso, el orgullo y el valor de las raíces. Les regalo una anécdota que no sale en la historia. Una noche en una cena con la selección a Andy Gray se le ocurrió darse un ataque de importancia y pedir un cóctel de gambas. Stein se acercó a él y le espetó: «Tú eres de Drumchapel (un desfavorecido suburbio de Glasgow). No has visto una gamba en tu vida». Y Andy Gray cenó sopa de primero esa noche. Stein habría sido un magnífico entrenador para el Celta.
Me voy antes de que venga el «antisistema» Florentino a reñirnos. Disfruten de la semana.
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