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Opinión

La inteligencia artificial detiene el reloj

Conversando con un alto directivo de una multinacional de la consultoría tecnológica, ambos coincidíamos en que la IA está comenzando a cambiar la forma de trabajar en estas compañías y pronto cambiará también la forma de facturar a sus clientes. Cambios muy profundos que las empresas de consultoría —uno de los sectores más influyentes, estables y lucrativos del mundo— solo empiezan a vislumbrar. No descartemos que pronto comience a redefinirse el papel de los consultores y el concepto de proyecto y su ejecución, lo que llevará a replantearse al cliente qué está dispuesto a pagar y por qué.

Tradicionalmente la consultoría se ha sostenido sobre una premisa muy simple: conocimiento experto y capacidad analítica puestos al servicio del cliente. ¿Cómo monetizar el servicio prestado a un cliente? Pues básicamente en función del número de horas dedicadas, teniendo en cuenta el distinto valor de las mismas, dependiendo de quién las aporte. No vale lo mismo una hora de una persona júnior que la de un sénior, al menos sobre el papel de la factura. Son las horas de búsqueda y análisis de datos e información, horas de Word y PowerPoint, horas de reuniones... Tiempo que en teoría nunca ha sido el objeto de comercialización sino el conocimiento experto de los consultores, pero que al final ha sido y sigue siendo lo que se cobra en buena medida.

Con este modelo de negocio todos nos hemos preguntado alguna vez, y quejado algunas, de si verdaderamente las horas facturadas eran una razonable aproximación a las reales, sobre todo cuando sospechábamos que lo que nos daban era el resultado de un hábil corta y pega. Ahora, con el desarrollo y despliegue de la IA, en particular la adjetivada como generativa, las cosas pueden llegar a cambiar rápida y radicalmente.

Hasta ahora realizar un análisis de mercado, pongamos por caso, requería varios días de investigación, consultas, redacción de informes, con la consiguiente síntesis y presentación final. Hoy, con la ayuda de la IA, sobre todo si sabes hacer bien las preguntas y poner el contexto adecuado, puedes tener un primer borrador en minutos: estructurado, legible y con abundantes referencias. No hay garantías de que no haya alucinaciones por medio ni de que el resultado tenga la calidad suficiente, pero seguramente será un buen comienzo y supondrá un ahorro de tiempo considerable ante la alternativa de comenzar el trabajo a partir de una hoja en blanco. Si quienes han de manejar esta información saben después poner el rigor, el conocimiento del cliente, la experiencia de años en el sector y esa inteligencia y saber humanos que todavía no tienen las máquinas, no solo podremos acabar mucho antes el trabajo sino obtener un mejor resultado.

El suelo está crepitando. El valor de los consultores júnior encargados de producir el material de base está comenzando a depreciarse y hay menos contrataciones. El valor de lo que la consultora puede aportar a su cliente dejará de tener como referencia el patrón oro del coste de las horas dedicadas. No solo eso, sino que, según para qué cosas, los mismos clientes comienzan a pensar que si lo hace la IA, por qué no lo hacen ellos mismos en lugar de pagar a otros para que se lo hagan.

Los modelos grandes de lenguaje aprenden mejor los patrones asociados a aquellos contenidos que se reiteran en los corpus de textos con los que se entrenan. Los informes de las consultoras presentan este perfil. Por tanto, los modelos de IA han adquirido una gran pericia en la realización de este tipo de trabajos. No deja de ser una paradoja, que el corta y pega que tantos beneficios ha dado en el pasado a estas empresas pueda ser uno de sus talones de Aquiles del presente.

Pero, siendo justos, la parte más valiosa de la consultoría —el juicio crítico, el criterio y sentido común en el negocio, la lectura entre líneas y estratégica del caso abordado, la capacidad de formular preguntas que evidencian lo importante— sigue estando en las cabezas humanas, y es, como complemento al trabajo intensivo y expansivo de la máquina, lo más importante y valioso.

Si sigues intentando vender lo mismo al mismo precio cuando otros pueden hacerlo mucho más barato o sensiblemente mejor, estás perdido. El modelo de negocio de estas compañías ha de cambiar, y mucho. El pago por resultados, más que por powerpoints, acabará imponiéndose. También la monetización de modelos y agentes propios, especializados a partir del extraordinario conocimiento sectorial y los datos que han ido atesorando algunas consultoras. Todo ello en un nuevo modelo de trabajo en el que la máquina es un recurso más de trabajo. Las consultoras han de comenzar por aplicarse a sí mismas el modelo híbrido de «persona-máquina como prestador de servicios» que intentan venderles a sus clientes. Quizás en este sector la IA acabe poniendo las cosas en su sitio.

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