Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | Nuestro mundo es el mundo

Joan Tapia

De Felipe VI al ‘Financial Times’

¿Era obligado celebrar los 50 años de la reinstauración monárquica? ¿Festejar que Juan Carlos, designado sucesor por Franco tras jurar los Principios del Movimiento, asumió la jefatura del Estado a la muerte del dictador? ¿Y además sin la presencia —por razones obvias— de Juan Carlos, que pilotó el desmontaje —de la ley a la ley y a través de la ley— de la dictadura?

Felipe VI pasó la prueba. Mejor que cuando su muy polémico discurso sobre Cataluña. En vez de vanagloriarse de la monarquía glosó la llegada de la democracia. Entregando el Toisón de Oro a la reina Sofía, a Felipe González, primer presidente de Gobierno aún vivo de la democracia, y a los dos padres de la Constitución, Herrero de Miñón y Miquel Roca, que quedan. Y con un ponderado discurso en el que, tras reconocer con sobriedad el papel de Juan Carlos en el cambio de régimen, ensalzó el espíritu de diálogo de la Transición («que tuvo sus defectos») entre gentes de mundos enfrentados: «La palabra sobre el grito, el respeto frente al desprecio, el acuerdo ante la imposición».

Las palabras de Felipe VI tampoco escondieron que la democracia sufre hoy una seria crisis. Ningún partido de los representados en las Cortes —excepto el PP y el PSOE— quiso estar en el acto. Y el PP y el PSOE están en una guerra a muerte que impide el normal funcionamiento del Estado. Que Sánchez fuera investido pese a haber quedado detrás de Feijóo en las elecciones del 23 —aunque no lo más normal— fue plenamente constitucional. Pero que lo fuera gracias a la ley de amnistía multiplicó el despecho del PP que predicó su inconstitucionalidad y convocó grandes manifestaciones de rechazo. ¿Guerra de partidos? ¿Incompatibilidad de líderes? ¿Choque español por el conflicto catalán?

Pero el cisma ya viene de cuando en el 2018 Sánchez ganó la moción de censura contra Rajoy —con discurso de Ábalos— en base a una condena judicial por la corrupción de la Gürtel. Y ahora el PP esgrime que cuando el fiscal pide 24 años de cárcel a Ábalos, secretario de organización del PSOE, y hay indicios claros de que Santos Cerdán, su sucesor en dicha secretaría, se lucró con un 2% por la concesión de obras, Sánchez, que apadrinó a ambos, está obligado a dimitir. ¡Nos echasteis por la Gürtel, tenéis que iros por Koldo-Ábalos-Santos Cerdán! Y el PSOE, rojo como un tomate, se parapeta en que —al contrario que en la Gürtel— no hay financiación ilegal del partido. Pero encima está el juez Peinado hostigando a la esposa de Sánchez y el juicio por enchufismo del hermano del presidente.

El espíritu de la Transición

Y Feijóo dijo, en sede parlamentaria, que Sánchez no dimite porque tiene miedo a la justicia y que, si es condenado, no le indultará. El espíritu de la Transición no solo ha desaparecido, sino que se ha multiplicado por menos uno. Y Sánchez —tras el plante de Puigdemont— no tiene ni Presupuestos ni mayoría. ¿Puede continuar? ¿Puede España funcionar así, pese a que el PIB crece más que la media europea y se está creando empleo?

Además, el Gobierno ha tenido esta semana un muy serio varapalo con la condena por el Supremo de su fiscal general, García Ortiz, por la filtración de un escrito del novio de Isabel Ayuso a Hacienda. Solo conocemos el fallo —dos años de inhabilitación— pero no la sentencia. La prudencia es obligada.

¿Guerra en el Supremo?

Pero Ayuso (y el PP) han infligido una seria herida al Gobierno y a Sánchez en el Supremo. ¿Otro choque Gobierno-Supremo? ¿Revancha de la amnistía? Y el Supremo se ha dividido entre cinco magistrados conservadores y dos progresistas. ¿Guerra también en el Supremo? Cierto, Sánchez queda todavía más malherido. Pero el fallo ha hecho que sus socios —incluso Ione Belarra— cierren filas contra el Supremo.

El corresponsal del diario Financial Times, la biblia económica europea, ha escrito: «La polarización es un fenómeno general, pero en España su visceral brutalidad es inusitada. Junto a otro hecho muy preocupante, la ausencia de todo debate político serio. En España los insultos eclipsan las ideas». Hace muchos años, en los colegios nos habrían hecho copiar cien veces la sentencia de este corresponsal.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents