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Opinión

Darth Vader viene a cenar

A. siempre presumía de su amistad con Anakin. De aquella época en que trabajaba para el Imperio Galáctico, coincidió con Darth durante la construcción de la primera Estrella de la Muerte, y casualidades de la vida, trabaron cierta simpatía. Aunque A. era un contratista tecnológico de cierta relevancia en el sistema, tras la explosión de la primera estación espacial se recicló hacia el lado culinario como una especie de José Andrés, el cocinero asturiano, y fundador de la World Central Kitchen. Años después volvieron a coincidir en la Segunda Estrella de la Muerte. Puesto que el mismísimo Lord Sith supervisaba, in situ, el avance de la construcción y la empresa de A. se encargaba del servicio de comidas, este acabó siendo el chef personal del malvado. «Aunque era de poco comer, le encantaban los pimientos de Padrón, pero en temporada —aclaraba A.—, también el pulpo á feira y la carne ó caldeiro, con mucho pimentón picante», me tiene contado más de una vez. Sin embargo uno de los secretos mejor guardados era que a Vader le pirraba el licor café. «Licor oscuro», lo llamaba.

Aunque ninguno de los dos eran de trasnochar, entre chupito va y chupito viene, alguna noche tienen quedado hasta las tantas arreglando los problemas interestelares. Era aquí cuando A. le aconsejaba que se alejara del lado oscuro porque la Alianza Rebelde acumulaba cada vez más simpatizantes y acabaría triunfando. Darth escuchaba aquello, fijaba la mirada en A. y le replicaba: «¡Jamás!, eso no ocurrirá jamás. Lograré que Luke se una a mí y juntos dominaremos la Galaxia». Cuando A. me contaba estas conversaciones nocturnas con el Señor Oscuro, siempre acababa girando su cabeza —como negando— y soltaba por lo bajo, como un lamento: «Que confundidiño estaba Darth…», para añadir a continuación: «En el fondo tenía buen corazón pero el lado oscuro de la fuerza le impedía advertir los cambios que se avecinaban».

En 2024 España fue el segundo país con mayores pérdidas económicas derivadas de los desastres climáticos. Tan solo la dana de Valencia ha generado una factura de 11.000 millones de euros. A esos números rojos debemos sumar el coste de los incendios, la sequía, las olas de calor, los temporales, la destrucción de infraestructuras… esto desde la perspectiva económica. Pero más allá del valor monetario, qué representa para nuestro bienestar la superficie forestal quemada, la desaparición de enormes extensiones de terreno habitable por el aumento del nivel del mar... y, en especial, las muertes. Esas personas que desaparecen porque el planeta se vuelve inhabitable. Sin embargo, mientras esto ocurre, sigue habiendo Emperadores* oscuros que restan importancia a estos hechos y tildan las evidencias científicas de fantasías hippies. «Que confundiños están», diría A.

*El actual Gobierno estadounidense rechazó implicarse en la COP 30 que estos días se celebra en Belém (Brasil), para frenar el cambio climático y el aumento de la temperatura global. En 2024, EE UU fue el país más afectado por los fenómenos climáticos extremos.

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