Opinión
La historia interminable del nuevo Instituto de Investigaciones Marinas
Veinticuatro años esperando un edificio
La historia del traslado del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC) es la crónica de un proyecto que arrancó en 2001 con ambición, apoyo político y amplio consenso científico, pero que a estas alturas de 2025, casi un cuarto de siglo más tarde, sigue siendo únicamente una promesa. Durante estos años han cambiado ministros, gobiernos, directores, prioridades y hasta ciclos económicos completos. Lo único que no ha cambiado es el lugar donde debía levantarse la nueva sede: continúa vacío.
El contraste con la noticia anunciada este mes por la ministra de Ciencia, Diana Morant, resulta difícil de ignorar. En Gandía se construirá un flamante centro de tecnología marina de 5.500 metros cuadrados y casi 18 millones de euros, con licencia aprobada, arquitectos seleccionados y un calendario de obras de apenas un año y medio. En Vigo, mientras tanto, el proyecto del nuevo IIM acumula 24 años de papeles, discursos, concursos, carteles, estudios y fotografías de terreno… pero ni un solo cimiento.
La pregunta se impone por sí sola: ¿por qué en Vigo no se ha construido nada? ¿Y llegará a construirse algún día?
Un sueño que empezó fuerte y nunca se materializó
El cierre de la Escuela de Transmisiones y Electricidad de la Armada (ETEA) en 2002 abrió una oportunidad extraordinaria. Aquella superficie privilegiada, frente a la ría y con acceso directo al mar, parecía ideal para alojar un gran campus de ciencias marinas capaz de reunir en un mismo espacio al IIM, la Universidad de Vigo, el Instituto Español de Oceanografía y otras instituciones. La propuesta tomó forma con rapidez: primero como una idea impulsada desde el IIM y luego como un proyecto formal que el CSIC asumió como propio.
El entusiasmo inicial fue notable. La Xunta, el Gobierno central y Zona Franca coincidieron durante unos años en impulsar lo que pronto se bautizó como Ciudad del Mar. En 2005, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, anunció un complejo científico por 130 millones de euros que estaría operativo en 2009. La proyección no era menor: cinco centros de investigación marina, una base de buques oceanográficos, una plataforma de datos y un conjunto de infraestructuras llamado a convertir la ETEA en un referente internacional.
Pero la realidad avanzó por otro camino. La compra de los terrenos a Defensa por parte de Zona Franca, por casi 30 millones de euros, introdujo una primera demora. A continuación, se sucedieron concursos urbanísticos que nunca se ejecutaron, como el plan diseñado por César Portela en 2004, y los plazos empezaron a difuminarse. Cuando en 2020 se recordaba que habían pasado dieciocho años desde el cierre de la ETEA, la prensa describía el recinto como «empeorado por el abandono» y convertido en una sombra de lo que fue.
Reactivaciones periódicas, una y otra vez
Cada cierto tiempo, el proyecto parecía revivir. En 2015, el Ayuntamiento de Vigo anunció su total disposición a colaborar en el traslado del Instituto a la ETEA. En 2018 se vivió el impulso más serio desde la década anterior: Xunta y CSIC firmaron oficialmente la cesión de una parcela de más de 16.000 metros cuadrados para construir la nueva sede del IIM y la base atlántica de la Unidad de Tecnología Marina. Las previsiones señalaban que el edificio estaría terminado en 2023. Hubo declaraciones solemnes, fotografías, discursos y expectativas renovadas.
Ese año ya pasó. También el siguiente. Y el siguiente. La ETEA continúa exactamente igual. No hay maquinaria, no hay vallas de obra, no hay licitación publicada, no hay presupuesto estatal asignado públicamente para iniciar las obras.
Vigo espera; Gandía avanza
Este mes de noviembre de 2025, el Ministerio de Ciencia ha anunciado con precisión milimétrica la construcción del nuevo Centro de Investigación en Tecnología para las Ciencias del Mar en Gandía. La parcela está cedida. La licencia, aprobada. La empresa adjudicataria, elegida. El presupuesto, cerrado. El calendario, definido. La obra durará 18 meses.
En Vigo, en cambio, siguen vigentes documentos, planes y presentaciones que, año tras año, se mantienen exactamente en el mismo estado: pendientes. La ETEA fue, durante dos décadas, una prioridad en todos los discursos oficiales sobre la I+D marina en Galicia. Pero, en la práctica, ha quedado atrapada entre trámites interminables, retrasos urbanísticos, cambios de gobierno, enfrentamientos de competencia y una erosión lenta pero constante del impulso político inicial.
Las razones son múltiples y se solapan: la complejidad patrimonial del recinto militar, la necesidad de acuerdos simultáneos entre Concello, Xunta, Zona Franca, CSIC y varios ministerios, la ausencia de un liderazgo político continuado, los bandazos en la planificación científica del propio proyecto, las crisis económicas y los cambios de prioridades territoriales. Cada uno de estos factores, por separado, habría producido retrasos razonables. Juntos han producido algo más complicado: la parálisis.
¿Se hará alguna vez?
Después de casi veinticinco años, resulta difícil ofrecer una respuesta rotunda. La voluntad declarativa de construir el nuevo Instituto ha existido siempre; lo que nunca ha existido es un compromiso capaz de superar, con hechos, el bloqueo acumulado. La historia demuestra que proyectos científicos de esta escala solo se materializan cuando confluyen tres elementos: financiación asegurada, liderazgo político sostenido y urgencia real en la planificación. Vigo ha tenido, en distintos momentos, cada uno por separado, pero nunca los tres a la vez.
El contraste con Gandía es un recordatorio evidente de que, cuando las administraciones alinean prioridades, las infraestructuras científicas avanzan. Por eso la pregunta final sigue siendo tan sencilla como dolorosa: ¿por qué en Vigo no se ha construido nada mientras otros territorios sí avanzan con rapidez? Y, sobre todo, ¿llegará a construirse algún día?
La respuesta honesta, a día de hoy, es que podría hacerse si se retoma el impulso político y financiero con el rigor que no ha tenido en dos décadas. Pero también es posible que continúe aplazándose indefinidamente. La ETEA, deteriorada, sigue esperando. El Instituto de Investigaciones Marinas también. Y con cada año que pasa, la duda crece un poco más.
Suscríbete para seguir leyendo
- Cambio de rumbo para las cabañas turísticas de Bueu, que salen a la venta
- Al menos cinco personas estafadas en el área de Vigo por una oferta de empleo publicada en Milanuncios
- Davila 09/12/2025
- Las denuncias al presidente de la diputación de Lugo por acoso sexual: «Me dijo que debía acostarme con él si quería ser funcionaria»
- Davila 10/12/2025
- Acoso en las redes y amenazas a una peluquería canina de Bueu por la muerte de un perro
- Sandra Osorio, la campeona de España de pesca submarina que aprendió sola en Vigo: «Era un deporte de hombres y nadie quería venir conmigo»
- Vigo cambiará todas las placas de sus calles, pero ¿qué ocurrirá con las que tienen valor histórico?
