Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Vigo

Que vuelva Julián

Clive Arrindell, protagonista de los anuncios del sorteo entre 1998 y 2005.

Clive Arrindell, protagonista de los anuncios del sorteo entre 1998 y 2005. / FdV

Después de dedicar cinco minutos de mi hora de almuerzo a ver el nuevo anuncio de la Lotería de Navidad, puedo decir que echo de menos a Julián (el protagonista solitario del spot del año pasado), a Antonio (el del bar de 2014) y, cómo no, a nuestro «calvo» favorito, Clive Arrindell (que Dios lo tenga en su gloria, fallecido el año pasado), que sin decir ni mu nos hacía felices a todos. Incluso, si me apuran, al quinteto musical con más memes de la historia, el que formaron Montserrat Caballé, Raphael, Bustamante, Marta Sánchez y Niña Pastori en 2013.

Hablando en plata: cinco minutos perdidos, porque la emoción que pueda despertar en el espectador

—en mi caso, en el minuto final— no compensa la falta de argumento. Eso, si es que logra tocar la fibra sensible, porque tengo mis dudas. Vamos, que se han lucido este año, pese a que el lema no está mal: «El sorteo que nos une».

Al menos con Julián, además de disfrutar de unos escenarios de lujo en Vigo y alrededores (hasta el estanco de Vilaza fue trending topic durante unas horas), el anuncio reflejaba uno de los mayores problemas de nuestra sociedad: la soledad no deseada. Y tenía gancho, mensaje.

Analizando el anuncio de 2025

El de este año, en cambio, no lo entiendo (ojo, spoiler). ¿Por qué una pareja joven compraría en un rastro madrileño un décimo enmarcado del sorteo de 1995? ¡Y por diez euros, nada menos! Difícil de creer, pero vale, acepto esta primera parte. También me trago que Vero (así se llama ella; él, Max) compruebe el número, y aún más, que no le entre en la cabeza que alguien haya podido guardar un quinto premio y no cobrarlo. Luego viene la investigación detectivesca para encontrar al propietario.

Más difícil de creer es que lo localice (al dueño) y, mucho más, la historia que hay detrás. Resulta que el hombre no cobró el premio porque se lo había regalado su hija con un mensaje en el reverso en el que le anunciaba que iba a ser abuelo. Se supone que ese es el momento emotivo. ¿Perdona? ¿Renuncias a un dineral —un millón de las antiguas pesetas, que lo he buscado— con el que podrías haber ayudado a esa hija y a ese nieto, solo por no deshacerte del boleto? ¿Acaso le sobraba la pasta? ¡Haberle quitado una foto, hombre! Y si tanto valor sentimental tenía, ¿cómo acabó en un rastro? La historia hace aguas por todas partes.

Con independencia del mayor o menor acierto de Loterías del Estado, lo que está claro es que el anuncio, junto al encendido de las luces de Vigo mañana, marca el arranque oficial de la Navidad. Y, hablando de Vigo, he perdido la cuenta de los anuncios en los que la ciudad se ha colado como protagonista o como plató en los últimos años: el de Suchard, con el alcalde en modo teleñeco junto al árbol de Porta do Sol; el de la Lotería de 2024 (nuestro querido Julián, el riojano Amadeo Marín, vigués de adopción); y otros de L’Oréal, Mutua Madrileña, Ikea, Estrella Galicia, Ruavieja, Pescanova, Correos… La lista es casi tan larga como el alumbrado de la Gran Vía.

Así que, visto lo visto, me temo que este año el sorteo nos une, sí, pero más bien en la confusión colectiva. De momento, me quedo con las luces de Vigo, que al menos nunca defraudan y, sin guión rebuscado ni sentimentalismos forzados, consiguen lo que debería lograr cualquier buen anuncio navideño: recordarnos que, aunque cada año nos quejemos de lo mismo, al final todos acabamos mirando hacia el cielo con la misma ilusión.

Y eso sí que nos une. O no.

Imagen

Al lío

Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web

Me apunto
Tracking Pixel Contents