Opinión
El milagro de los 33 segundos

Línea de soldadura de las furgonetas K9 en Stellantis Vigo. / Stellantis | CE
Treinta y tres segundos. Pienso en qué puedo hacer yo en ese lapso de tiempo, en poco más de medio minuto. Un cepillado rápido de dientes, apurar un café de máquina antes de una reunión, recitar el abecedario del revés con mi hija… Se me ocurren muchos ejemplos, casi todos absurdos. Pero lo que nunca pensaría —y eso que durante muchos años he escrito infinidad de artículos sobre el sector de la automoción— es que cada 33 segundos la planta de Stellantis Vigo es capaz de sacar un coche a la calle. Vamos, que en lo que tarden en leer este artículo —si llegan al final, porfi—, las dos líneas de Balaídos habrán parido entre uno y dos vehículos. Una absoluta barbaridad, con la acepción más positiva del término.
Pocas plantas en el mundo, contadas con los dedos de una mano, están a la altura de la factoría gallega. Ni siquiera esas futuristas chinas que tanto se venden por LinkedIn como el mañana de la industria de la movilidad —tan automatizadas que no ves ni un trabajador en lo que dura el vídeo de turno— son capaces de ensamblar al ritmo de Vigo. Es un ejemplo de productividad como la copa de un pino. Por eso no me sorprenden scoops como la de mi compañero Adrián Amoedo, que acaba de publicar que la factoría viguesa superará en 2025, por tercer año consecutivo, los 500.000 coches. Y eso con la que está cayendo en el sector a nivel mundial.
Las comparaciones son odiosas, y sé que en Balaídos son muy de cuidar las formas para que no se enfaden en el grupo —primero en París y ahora, a saber dónde, si en Ámsterdam o Detroit, no lo tengo claro—. Pero por poner un ejemplo de la dimensión de la que estamos hablando: Stellantis Vigo fabrica en dos meses más coches que Mangualde (Portugal) en todo un año, o que Villaverde (Madrid).
La clave
La clave del éxito es doble. Por una parte, el tirón comercial sin parangón de sus principales modelos, sobre todo los del segmento LCV (entre nosotros, las benditas furgonetas que llevan desde 1958 llenando las líneas de producción). Pero también del SUV compacto, el Peugeot 2008, en el top ten de los más vendidos de su categoría en Europa. Por otra, que Balaídos tiene capacidad suficiente para abastecer esa enorme demanda, funcionando como un reloj para que cada 33 segundos dé la hora, con todo lo que conlleva el montaje de un automóvil: desde la logística previa —cada día recibe decenas de miles de piezas de todo el mundo— hasta el ensamblaje en sí antes de su expedición. Repito y subrayo: es una barbaridad. Un coche cada medio minuto, más de medio millón al año. Casi nada.
Obvio, el mérito no es solo de la factoría, sino de todo el ecosistema del motor que la rodea en Galicia: desde fabricantes de componentes y auxiliares hasta start-ups, centros de innovación y desarrollo y administraciones, todos remando en la misma dirección para perpetuar su excelencia. Pero, sobre todo, de los trabajadores: de los que levantaron la planta en sus inicios hasta los que ahora obran el milagro de los treinta y tres segundos. Apenas medio minuto que resume décadas de esfuerzo, ingenio y orgullo industrial. Mientras otros miran al futuro, en Vigo hace tiempo que lo fabricamos, pieza a pieza, coche a coche. Y, visto lo visto, a este ritmo no parece que vayamos a levantar el pie del acelerador.
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