Opinión
¿Pican? «Nada, non hai peixe»

Viñeta de O Bichero / Luis Davila
Sin necesidad de bola de cristal, cartas del tarot ni consultas a los espíritus, le auguro poco futuro a esa app del Ministerio que pilota Luis Planas para que los pescadores deportivos —más de 50.000 en toda Galicia con licencia en regla— declaren todas sus capturas. O si lo hacen, mentirán. Es la idiosincrasia gallega. Cuántas veces habrán preguntado «¿pican?» y la respuesta siempre es la misma: «nada», incluso con el cubo lleno hasta arriba.
Es así, qué le vamos a hacer. Lo descubrí de crío, una vez que salí a pescar fanecas con un tío mío en su bote. Mi abuelo nos había confiado las señas de una fanequeira —una losa en el fondo del mar en la que suele congregarse el pescado para comer—. No recuerdo cómo llegar (por entonces eso del GPS y el plotter sonaba a ciencia ficción), solo que tenías que posicionarte tomando como referencias el campanario de la iglesia, el muelle y no sé qué más. Una calle, creo. Hoy habría guardado la posición con el móvil.
Allá fuimos, cada uno con su liña de tres o cuatro anzuelos. Era un vergel. En cuanto la plomada tocaba el suelo, sentías un fuerte tirón, recogías el sedal y ya veías subir dos o tres fanecas brillando, retorciéndose. Menuda tarde: la nevera llena, con lo ricas que están. Entonces me fijé en que mi tío estaba más atento a la superficie que a la pesca en sí.
—Que pasou?
—Nada. Se pican, non levantes; aguanta e déixame falar a min.
Cerré el pico y escuché por mi espalda:
—Que, hai sorte?
Era otra gamela que venía en nuestra dirección.
—Nada, xa marchamos. A ver se outro día...
Miré a mi tío, todo serio, impertérrito, hasta que el barco pasó de largo. Entonces me guiñó el ojo. Toda una lección de vida que en aquel momento no entendí del todo. Seguro que la historia les suena. De hecho, el genio de Luis Davila ha retratado esta argucia mariñeira decenas de veces en sus viñetas para FARO. Por eso no creo que lo de la app de pesca cuaje. Y si lo hace, nadie dirá la verdad.
No discuto el fondo de la medida —todo eso de mejorar la trazabilidad y el control—, pero no lo veo claro. Sobre todo si exige detallar fecha, hora, especie, talla, modalidad, arte… Menudo interrogatorio: todo el día con el móvil en la mano, incluso cuando se va de pesca.
¿No sería más fácil reforzar la vigilancia? Y si alguien se pasa de listo, que lo pague. Porque para tener una app necesitas un smartphone y saber usarlo, y hoy por hoy no todo el mundo tiene esa posibilidad ni ese conocimiento. ¿Les va a regalar Planas móviles de última generación y clases para usarlos a los abuelos que van a pescar luras, chocos y rinchas al muelle, que no le hacen daño a nadie?
Mejor seguir la estrategia de mi tío: caladiño, aquí non hai peixe. Al fin y al cabo, el mar no se rinde a los formularios ni a los algoritmos. Y mientras haya quien diga «nada» con el cubo a rebosar, esa app tendrá más mareas en contra que a favor.
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