Opinión | Newsletter de Deportes
Colin
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
Tengo la excusa perfecta para pasar de puntillas por el extraño partido de ayer contra el Barcelona (cada vez me producen más pereza los cruces contra los mal llamados “grandes” del fútbol español y toda su fanfarria absurda). Prefiero hacerlo de Colin Addison que nos dejó hace unos días a los 85 años y que recibió en Balaídos un insuficiente homenaje en forma de minuto de silencio compartido. Tal vez yo sea ya mayor o quienes deciden estas cosas demasiado jóvenes, pero el personaje merecía mucho más. No creo que el Celta haya tenido en su historia un entrenador con semejante impacto en solo una temporada, aquella que terminó en el histórico ascenso de Sestao, episodio capital para generaciones de celtistas. Addison vivió un Celta que nada tiene que ver con el actual: pobre, endeudado, sin un campo digno donde entrenar, deprimido por el reciente descenso y con una grada donde solo resistían esos irreductibles sin solución. Ojalá en estos últimos años de vida haya tenido la oportunidad de ver en qué se ha convertido aquel club al que llegó en 1986 y del que se marchó un año después tras un enfrentamiento con Rivadulla que le negó la mejora de contrato prometida tras lograr el ascenso. Ese episodio es uno de los más insólitos de la historia reciente del club y que acabó con un juicio que resolvió que el Celta debía indemnizar a Addison con casi cinco millones de las antiguas pesetas. Por el camino se vivíó una situación de máxima tensión con pintadas en las calles de los aficionados, una presentación en Balaídos sin entrenador y la plantilla negándose a subir al autobús para hacer la pretemporada hasta que el presidente les diese una explicación. “Mi Celta” diría con una lágrima resbalando por la mejilla un nostálgico de aquellas tormentas. Colin fue mucho más que un entrenador, fue un inconformista que pedía “socorro” en la prensa porque tenía la sensación de que “nadie quiere ayudar al Celta”. Hoy alucinaría. Por eso me hubiera gustado otra cosa, un homenaje acorde a su peso en la historia, a su huella imborrable, a ese carácter a veces indómito que supo trasladar al vestuario y a una grada que le estará siempre eternamente agradecida.
El paso firme del Celta por la entretenida y algo disparatada Europa League me está sirviendo para confirmar mi teoría de que el nivel de entrenadores y de preparación de los partidos que hay en España no existe en otro país del mundo. Lo de Zagreb fue una evidencia. Dijo en la víspera Kovacecic, técnico del Dinamo, que conocía las debilidades del Celta. Pero su problema fue que no tenía la menor idea de cuáles eran sus fortalezas. Por primera vez en más de una década Iago Aspas jugó un partido sin un rival a menos de diez metros. Un suicidio en toda regla que el Dinamo ejecutó con la mirada perdida de su entrenador que parecía preguntarse de dónde había salido el 10. “Ese no estaba en el vídeo de la pasada semana” parecía preguntarse mientras miraba al banquillo con cara de “¿no tenéis nada que decirme?”. Más allá del acierto de Claudio a la hora de plantear el partido y de la posición en la que se movió todo el partido Iago, sorprendió encontrarse una situación que sería impensable contra cualquier equipo de la Liga española. Si Caparrós vio el partido, a esta hora está mandando currículums a esa media Europa desnortada con la ilusión de un chaval recién salido de la facultad.
Colin Addison y el barro de Hereford
Con Colin Addison empezamos y con Colin nos marchamos. La historia irrepetible de la semana también va dedicada a él y seguramente al episodio más célebre que protagonizó en su larga carrera como futbolista y entrenador. En Hereford, una pequeña localidad ganadera del oeste de Inglaterra, inició su trayectoria como técnico mientras daba sus últimas patadas al balón. Faltaban muchos años para que en Vigo supiésemos de su existencia. En 1971 al modesto Hereford, equipo aficionado, le correspondió en la Copa inglesa enfrentarse al poderoso Newcastle. Lo que vino a continuación fue pura magia, la considerada mayor sorpresa de la historia de la competición, un triunfo que más de cincuenta años después se sigue venerando en el país que inventó el fútbol. Aquí contamos qué fue aquella locura y de paso pienso (y deslizo) en lo hermoso que sería que, en caso de que el Celta se acercase en verano a Inglaterra para pachanguear con quien compre al siguiente canterano, organizase un partidito en el pequeño Hereford (el lugar donde murió hace días) en homenaje al bueno de Colin Addison y se acerque a ponerle unas flores en nuestro nombre.
Semana sin Liga, de fútbol de selecciones y, venga, de series. Les dejo una española que está en Disney: "La suerte". Es una delicia que habla de la amistad, del respeto, del miedo, de la responsabilidad y de los prejuicios. Tierna y cálida como un bollo recién horneado.
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