Opinión
¿Herramientas? ¡Hora de apurarlas!
Raya su final el primer cuarto de siglo del milenio. Clarean 25 años. A su luz, ¿es perceptible algún balance urbano? Alguno, ya sí. Según el último barómetro del CIS, la vivienda ¡ay! es ya el primer problema de los ciudadanos. En la ciudad, estábamos tan entretenidos en mimar el espacio público, vestirlo guapo, y desalojar de la calle al coche, que descuidamos peligrosamente la casa. Resultado: nos la han asaltado. ¿Y, eso?
Rebobinemos al Vigo de hace más de 100 años. Hizo su revolución industrial como pez en el agua. Épica singular, tenaz, generosa. Aquellos días, cada mañana, los tranvías eléctricos chirriaban: Gondomar, A Ramallosa, Coruxo, Comesaña, Castrelos, Teis, Lavadores, Cabral, Chapela… O Porriño. Los vapores de ría humeaban: Cangas, Moaña, Domaio… San Adrián. Sin alardes, desde el crisol parroquial, llegaba la mano de obra. Aportando un valor decisivo: allí tenían asegurada casa familiar propia.
Rebobinemos a la Viena de hace más de 100 años. Otra experiencia industrial. Tras la primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles menguo el territorio agrícola de la República de Austria. Sobrevive apostando por la exportación industrial. Obligada a costes de producción competitivos, limita salarios. Solo posible con vivienda barata. Así, construye un gigantesco parque público de vivienda. Su gesta figura en la historia urbanística. Su onda llega hasta hoy. «El 75% de los vieneses vive de alquiler» (Michaela Kauer).
¿Vehículo del asalto al hogar? A plena luz del día: vivienda turística y vivienda como inversión especulativa (una ósmosis), es decir, vivienda apátrida versus vivienda del vecino. Hay pruebas irrefutables. ¿Alguien más? El censo del INE de 1991 habla de 2 millones de viviendas desocupadas; treinta años después (censo 2021) son ya 3, 8 millones. ¡Dinámica suicida! ¿Alguien más? Sí, el minúsculo, casi inexistente parque público de vivienda en España y Vigo.
«La política de viviendas se ha caracterizado en España por conceder una atención prioritaria a la promoción de nuevas viviendas de protección oficial (VPO)». Así empieza la exposición de motivos del Real Decreto 726/1993 (BOE 11 junio de 1993), para luego, de puntillas, entrar en la rehabilitación. Nos lleva al corazón del problema: ni más ni menos que al papel (¿frutos?) de la VPO. Política muy anterior a la democracia, es un ídolo por cuestionar. Enceguece y deslumbra. No ve la ciudad contemporánea: hoy, el derecho a una vivienda digna y el derecho a un medioambiente adecuado es la misma lucha.
El dinero público orientado a vivienda, la VPO lo alza para sí, casi en exclusiva. Y, como nada es de balde, la VPP (el parque público de viviendas garante del alquiler modesto), cae a lo más bajo. Al igual, la vivienda desocupada (toca una pizca a rehabilitación). La VPO, ya desde el planeamiento, piensa en promoción de obra nueva. Urge enmendar este modelo operativo (unidireccional), en favor de una «diversidad integrada» (Gropius) de líneas de respuesta al problema de la vivienda.
¿Qué? En Vigo (como en cada Concello) hay que activar su propio programa de intervenciones urgentes. Territorializado. EL PXOM, recién aprobado, acota entre la ciudad central y las parroquias exteriores, una primera periferia (35.881 habitantes). En el fragor del crecer explosivo sobre la ruralidad frágil, por el camino quedaron, a manos llenas: suelos desaprovechados para vivienda, superficies construidas infrautilizadas, infraestructuras inacabadas. Así, ahora, ¡coinciden: área de necesidad y área de oportunidad!
¿Dónde? En el tejido desestructurado en emergencia habitacional, que ¿de dónde salió? No de la picaresca vecinal. Salió de una legislación, planeamiento, y gestión, profundamente inadecuados. Ámbito de intervención al que se le puede poner rostro: aquel entorno parroquial, vecinal, familiar, que tanto aporto a lo que somos: Lavadores, Teis, Castrelos…Matamá. ¡Claro!, no es el fácil disponer viviendas en bajos comerciales de la ciudad central.
¿Cómo? Con las herramientas que ya están aquí. Ley 1/2019, de Rehabilitación y de Regeneración y Renovación urbanas de Galicia, idónea más allá de la ciudad central (la Ley se podría ahorrar redundancias si, luego, no se aplica en contextos como este). PXOM con aprobación definitiva (a usar o a dormitar). Y la Constitución, en sí misma la voluntad política.
Por si queda alguna duda, su artículo 45.3, dicta: «la obligación de reparar el daño causado».
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