Opinión
La construcción naval civil: situación y perspectivas (III)

Construcción en Tersan del Havila Pollux, contrato iniciado en su momento en Hijos de J. Barreras / Tersan
Para el lector@ de FARO, resulta curioso (y quizá algo inquietante) saber que China se lleva hoy más de la mitad de los CGTs mundiales –como contamos en la primera entrega–, pero los que de verdad nos tocan el bolsillo son otros. Son los países con los que nuestros queridos astilleros de Bouzas y del Gran Vigo (ese que en verano se extiende en tatuajes hasta Barra, Lapamán y más allá) se baten el cobre por contratos. En la entrega II nos fuimos a Holanda. En esta, cambiamos tulipanes por kebabs: bienvenidos a Turquía, nuestro segundo competidor más fuerte.
Turquía ha dejado en Vigo jugadores de tan grato recuerdo como Emre Mor y noticias que hablan de mandar producción de Balaídos rumbo a Bizancio. Muchos aún la imaginan como un país “en vías de desarrollo”, pero nada más lejos. Heredera del Imperio Otomano, Turquía es un peso pesado geoestratégico, con una posición que le permite negociar de tú a tú con la UE. Su economía es exportadora, tiene casi 90 millones de habitantes (solo Rusia la supera en Europa), y un músculo industrial notable en el textil, el automóvil y el sector militar –los drones Bayraktar, usados en Ucrania, son un buen ejemplo–.
Eso sí, no todo es color de rosa: su gobierno autoritario y populista lidia con una inflación galopante, lo que dificulta la financiación y planificación de proyectos industriales complejos como la construcción de buques.
Aun así, la industria naval turca es más potente (y menos conocida) de lo que parece. Reparaciones, desguaces y nuevas construcciones, tanto civiles como militares, la colocan en competencia directa con España en pesqueros, remolcadores, OSVs y megayates. Sus principales centros están en la ensenada de Tuzla y la costa de Yalova, al sureste de Estambul. Ahí tienen sus factorías los astilleros que entregan el mayor número de CGTs: Sedef, Tersan, Sefine, Sanmar, Dearsan, etc.
¿Y cifras? Turquía está entre los diez primeros del mundo, con una cartera que ronda los 600.000 CGTs, el doble que España. En entregas anuales, también nos supera con más de 200.000 CGTs, mientras aquí nos movemos en cifras más modestas. El sector de remolcadores supone una cuarta parte de esos CGTs (en torno a 50.000, 30-40 unidades), muy superior a las 4.000 CGTs en media de España (2 unidades). Detrás suele estar la ingeniería canadiense Robert Allan, la referencia mundial, y un astillero especializado en su construcción como Sanmar. Y ojo: incluso Boluda (líder global del remolque, con sede en Valencia) y la viguesa Remolcanosa han construido recientemente unidades en astilleros turcos.
En pesqueros, la competencia es directa. Tersan, por ejemplo, rivaliza con los gallegos por encargos de armadores españoles y extranjeros, apoyándose en ingeniería noruega de vanguardia (MarinTeknikk). Un joven patrón de Loira nos contaba su experiencia en el Polar Bay, un palangrero de película construido por Tersan para Seaview —la misma compañía vinculada a Frigoríficos del Morrazo, que opera los míticos Sil y New Polar de Pescanova.
Por tanto, está claro que Turquía es competencia de los astilleros españoles, pero también que no debe ser un modelo en condiciones laborales para España, con salarios del orden de la mitad de los nuestros, semanas de 45 horas, y trabajando habitualmente los sábados.
Respecto al futuro, Turquía tiene importantes fortalezas (su localización estratégica, tener una flota propia considerable, un número significativo de constructores, sus mucho menores costes laborales) pero los temas de financiación debido a la volatilidad de su moneda, así como los problemas de disponibilidad de mano de obra cualificada (que bien conocemos aquí), y el depender de ingenierías extranjeras, plantean retos significativos, con caídas recientes de contratación, a las que habrá que hacer seguimiento. Lo que es seguro es que seguiremos compitiendo con ellos, tubo a tubo, en los próximos años, y queremos hacerlo con condiciones laborales más parecidas a las holandesas (ver entrega II) que a las turcas. Daremos pistas en el futuro sobre cómo ganar terreno frente a los astilleros del Bósforo.
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