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Opinión

La OTAN, Premio Internacional de la Paz de Westfalia

En este mundo orwelliano en que nos encontramos, nada debe ya extrañarnos: por ejemplo, que la OTAN sea galardonada con un premio internacional de la paz.

Se trata del Premio Internacional de la Paz de Westfalia, que se concede a personalidades y organizaciones por sus esfuerzos en pro de la integración pacífica, la paz y la cooperación internacional.

El premio, instituido por la Asociación Económica de la histórica región alemana de Westfalia, lo recibió el año pasado el presidente francés, Emmanuel Macron.

El correspondiente a 2026 se ha concedido a la OTAN por «su continuado trabajo a favor de la paz» y su ayuda militar a Ucrania, «que genera fiabilidad y prepara la paz mediante la estabilidad».

A lo que hay que preguntarse si hay alguna otra organización cuyos miembros, entre ellos el más importante, hayan llevado a cabo tantas intervenciones militares en los tres últimos cuartos de siglo contra otros países.

Claro que otro premio mucho más importante, el Nobel de la Paz, se concedió en su día nada menos que al secretario de Estado norteamericano y notorio criminal de guerra Henry Kissinger y a él también aspira el actual ocupante de la Casa Blanca, Donald Trump.

Y el de este año distinguió a la venezolana María Corina Machado, una política que propugna una intervención armada de Estados Unidos en su país para derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro y permitir el acceso de las multinacionales norteamericanas al petróleo y otras riquezas de su subsuelo.

Recordemos que la paz de Westfalia (1648) puso fin a la Guerra de los Treinta Años, que ensangrentó a Europa, y a la guerra de independencia de las Provincias Unidas de los Países Bajos contra España y estableció un sistema internacional basado en el equilibrio de poder entre Estados soberanos.

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