Opinión | NEWSLETTER DE ECONOMÍA
El baile de San Vito
La redactora jefa de FARO analiza la actualidad del sector de la empresa, las finanzas y el mar

Newsletter de economía por la redactora jefa Lara Graña / FDV
Hace unos años me compré por internet un libro de segunda mano que me había llamado la atención en algún artículo de prensa que no recuerdo, pero que me había fascinado. Era sobre una especie de plaga, en la Estrasburgo de principios del siglo XVI: personas asoladas por un extraño mal que les hacía bailar sin parar, compulsivamente, hasta morir. El libro –lo recomiendo mucho– es A time to dance, a time to die, de John Waller. Explica su autor que todo fue una histeria colectiva, una psicosis que se fue propagando entre una población pobre, sugestionada, comida por la hambruna.
Alguien baila, espasmódicamente, dramáticamente. Otro alguien lo sigue, y otro, y otro… Hasta convertirse en una comparsa macabra sin sentido.

Portada del libro «A time to dance, a time to die» / FDV
No te exagero si te digo que esto mismo, este contagio del drama, el alumbramiento de una hilera de plañideras que lloran por lo que han oído, no por lo que han conocido de primera mano, lo vivimos en esta casa hace menos de una semana. Hasta que logramos hacer la pregunta clave a interlocutores válidos: ¿pero por qué bailas?
En FARO publicamos un artículo de opinión, pero te pongo en más antecedentes.
Un medio de comunicación gallego divulga, a primera hora de la mañana del viernes día 31 de octubre, que tres marineros gallegos y el taxista que los llevaba han fallecido en un terrible accidente de coche en algún punto entre Windhoek y Walvis Bay. Nadie en los principales medios de comunicación de Namibia sabe nada, pero la embajada nos invita a contactar con la Oficina de Información Diplomática para recibir «toda la información» de Madrid. «Es el protocolo». No lo desmienten. La información sobre la tragedia se propaga de tal modo que incluso allí, en Walvis y Lüderitz, empresarios y directivos de empresas pesqueras aseguran que sí, que tres marineros han muerto. Que lo saben de primera mano, no porque alguien se lo haya contado. Empieza el baile.
Aquí en España recibimos la confirmación de la presidencia de la Cooperativa de Armadores, nada menos. Me consta que el Concello de Cangas –porque se dijo desde Vigo que los fallecidos eran de O Morrazo, dos de Cangas y uno de Bueu, «muy experimentados»– estuvo a punto de cancelar su pleno ordinario del mes de octubre.
Como sabes, no existió tal accidente; en FARO lo corregimos a la mayor rapidez posible y tras haber consultado con cuatro medios de comunicación locales y personas que no habían visto el baile anterior. Sin contaminar. Editamos nuestra primera noticia, nos explicamos, como es nuestra obligación. No escurrimos el bulto, no borramos nada. Pero te invito a que compruebes algo: si haces una búsqueda rápida verás que grandes cabeceras de este país todavía están contando que, en una carretera en el desierto de Namibia, y a saber por qué, murieron hace unos días tres ciudadanos españoles que iban a embarcar en un pesquero. A día de hoy nadie nos ha explicado por qué empezó aquel baile y, sobre todo, por qué se le puso música por parte de las confederaciones o instituciones –el Ministerio de Exteriores jamás respondió a nuestras preguntas, que hicimos por escrito– que tendrían que haberla apagado.
¿El drama real? La muerte de Javier Couso, de 48 años, en la sala de máquinas del pesquero de capital gallego Helena Ndume.
Descanse en paz.
Feliz semana.
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