Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

«Chata» y la A-55

Tramo de la A-55 con velocidad limitada a 60 km/h

Tramo de la A-55 con velocidad limitada a 60 km/h / Pablo H. Gamarra

¡Ah, la Inteligencia Artificial! Creemos que lo sabe todo… y falla más que una escopeta de feria. Después de una formación intensiva en IA —al término de la cual no tenía muy claro si quien la impartía era un ser humano o una versión edulcorada de Terminator (es broma, aprendí mucho de Guillem)—, abrí en el móvil la app de Chata. La llamo así porque nos han enseñado que estas herramientas «tienen personalidad», y como ocurre con los humanos, cuanto más lista, más borde. La mía es amable —lógico, es la versión gratuita—, así que la trato con cariño, como si fuese una más de la familia.

Le pregunté:

—Hola Chata, ¿sabes cuántos tramos de autovía hay limitados a 60 km/h en España?

Rápidamente se puso a escribir. Pensé que el primer ejemplo que mencionaría sería nuestra querida A-55 —mal llamada autovía—, esa trampa para conductores con un radar en cada curva y varios tramos a 60 km/h, por su peligrosidad. Pero no.

—No he podido encontrar un dato fiable que indique cuántos tramos de autovía en España están limitados específicamente a 60 km/h— respondió, casi con pena, como si me hubiese defraudado.

A continuación, me preguntó si quería que buscara en las bases de datos de la DGT y de la Dirección General de Carreteras (Ministerio de Transportes). Le dije que sí («aún hay esperanza», pensé). Mismo resultado. Luego probó con los servidores de las comunidades autónomas. Nada.

No voy a decir que se me cayó un mito con la IA, pero entre pregunta y repregunta encontré algo que me llamó poderosamente la atención y que pone negro sobre blanco la situación kafkiana que rodea a la A-55. Chata me dijo:

—Estas limitaciones a 60 km/h en autovías parecen ser excepciones, no la norma general: se aplican en situaciones específicas (obras, desvíos, condiciones especiales) y no como límite fijo permanente estándar.

Me despedí amablemente de mi interlocutora con una conclusión para la que no se necesita ser ni inteligente ni artificial: que la A-55 es una deshonra, con limitaciones de velocidad propias de una carretera de pueblo, que además se han multiplicado, para desesperación de los sufridos conductores que se ven obligados a recorrer su sinuoso trazado cada día. «Excepciones, no la norma general». Sí claro, Chata, en un mundo ideal.

La esperanza está en el nuevo vial en túnel hasta Porriño, la prolongación de facto de la A-52, la Autovía de las Rías Baixas, en el que hay que trabajar —y mucho— para reducir lo máximo su afección a viviendas y empresas. Porque todo lo demás no dejan de ser parches y soluciones improvisadas y temporales, como liberar de peaje la AP-9 en el tramo a Tui (a lo que no me opongo en absoluto: fuera cabinas, pero desde Tui hasta Ferrol). Una obra, la de la A-52, que ojalá no sufra el mismo retraso que otras grandes infraestructuras de transportes del sur de Galicia, como la variante del AVE por Cerdedo o la Salida Sur hacia Oporto. Porque aquí no nos jugamos solo más o menos tiempo de viaje: nos jugamos vidas.

En definitiva, ni la IA más avanzada logra maquillar la triste realidad: la A-55 sigue siendo un monumento al abandono institucional y a la resignación ciudadana. Chata podrá fallar al buscar datos (seguramente, no formulé las preguntas adecuadas), pero los conductores no necesitamos estadísticas ni inteligencia artificial generativa para saber que esta carretera es una ratonera. La autovía de la vergüenza.

Imagen

Al lío

Si quieres recibir este análisis de la actualidad en tu correo tan solo debes activar este boletín en nuestra página web

Me apunto
Tracking Pixel Contents