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Opinión | Mira Vigo

Fernando Franco

Fernando Franco

Periodista, cronista, coleccionista de momentos y de amistades

Retratos augustos: José Andrés Lago

José Andrés Lago, maestro de la acuarela

José Andrés Lago, maestro de la acuarela / Augusto Rodríguez

José Andrés Lago descubrió muy pronto que lo suyo era dibujar y pintar. Ese deseo, silencioso pero firme, lo acompañó como una brújula interior a lo largo del tiempo. Eligió la acuarela por su levedad, por su capacidad de evocar sin subrayar, de rozar la poesía sin necesidad de palabras. Le interesan especialmente las brumas, los cielos en fuga, los horizontes que se disuelven en la lejanía del mar; escenas que exigen delicadeza, contención y una mirada lenta. En otro registro, se siente profundamente atraído por el movimiento fauvista, por esa alegría impulsiva del color, por el gesto libre que permite desdibujar las formas sin perder la intensidad. Su obra convive entre esas dos orillas.

La novela que haría con los puntales del Cristo

Vivimos días en Vigo en que la celebración del Cristo de la Victoria vuelca sobre el corazón de la ciudad las huestes olívicas de los barrios circundantes en torno a una de las procesiones de un solo paso más grandes de Europa. El domingo me toca ser el portaestandarte en la procesión pero ayer tuve un encuentro culinario con un grupo de notables con cuyas historias pienso que podría conjugar el argumento de una novela: el Carrero Mayor, abogado, Carlos Borrás; la experiencia eclesial y los orígenes de la Galicia más rural de los obispos Quintero Fiuza y Valín Valdés; a de frente de combate del párroco de la Colegiata, José Vidal; a del pregonero Benjamín Estévez de Cominges, tanto la anterior en el ámbito de las finanzas de importantes instituciones como la actual en Roma; la política del alcalde Caballero y su buen cabildante Rivas, la del médico Ricardo Troncoso.... entremezclando sus vidas apuesto que haría una gran novela.

Armando, el de O galo do Vento, pasa su jubilación en medio de la naturaleza

Estos días pasea por Vigo mi amigo Armando Gómez, hostelero hoy jubilado de larga travesía, desde las noches de los 80 que tantas copas nos sirvió los últimos 21 años en O Galo do Vento y antes en el Alma, tantos espectáculos musicales o de otro signo... No dio para más su vida hostelera pero al final de ella se encontró con que su corta paga de jubilado no daba para alquileres tan disparados como los de Vigo. ¿Sabeis donde ha ido a parar por sus contactos? Una casita en Moeche, entre Vilariño, Ortigueira y Ferrol, 4.000 metros con nogales y árboles frutales, sin ruidos, sin tubo de escape, sin prisas, sin noches de alcohol y humos, sin vecinos salvo Isolina, de 82 tacos los últimos 20 como currante en Londres, con quien comparte la finca, que pilla o fouciño y no deja crecer la hierba. Allí Armando se dedica a la agricultura de supervivencia y a tocar la flauta travesera y, aunque está lejos de tantos amigos, se declara sorprendido, engatusado y agradecido porque tuvo que alejarse pero no pudo encontrar mejor retiro y Vigo no está alcance de jóvenes o jubilados.

Imagen Fernando Franco

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