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Opinión

José Carneiro

José Carneiro

Subdirector de Faro de Vigo

Vigo

Graduaciones de purpurina

Distintos botes con purpurina en un "glitter bar"

Distintos botes con purpurina en un "glitter bar" / FdV

Ayer me crucé por la calle con un grupo de veinteañeros emperifollados y perfumados. Al principio pensé que era una boda, hasta que caí en la cuenta de que estamos en junio, mes oficial de las graduaciones. Ellos, de traje y corbata; corte modernillo, look de futbolista, aunque había variedad. Ellas, con vestidos impecables, maquillaje profesional (imagino que previo paso por la pelu o tutorial de TikTok). Afiné la oreja y, por la conversación, apostaría a que eran de Económicas (o como se llame ahora esa carrera). No lo tengo claro. Pero viéndolos, me asaltó una pregunta: ¿cuánto cuesta una fiesta de graduación hoy en día? O mejor dicho, ¿cuánto les cuesta a los padres?

Resulta que la respuesta ya la publicamos hace unos días: «un ojo de la cara». En sentido figurado, claro. Por ahora.

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Me apunto

Junio, mes de las graduaciones

Más de un millar de estudiantes de la UVigo celebrarán su acto de graduación este mes, para alegría de la hostelería local. Pero vamos a los números. Como buenos gallegos, todo «depende», pero haciendo un cálculo aproximado, hablamos de no menos de 250 euros por cabeza. Cena, vestuario, fiesta… y extras. Entre esos extras, auténticas joyas del ingenio como el fotomatón 360 grados y el glitter bar. Que, según he buscado en Google, es un stand donde los invitados pueden embadurnarse de purpurina y brillos varios para decorar cara, cuerpo y, de paso, la cuenta de Instagram. Imprescindible en esta era del selfi.

Graduaciones en casi todas las etapas

No recuerdo gran cosa de mi propia graduación. Ni una foto conservo (eso hoy, entre móviles y redes, sería casi delito). Hubo cena, hubo fiesta. Pero glitter bar, ni hablar: no se había inventado. Y solo viví una graduación: la universitaria. Ahora, en cambio, se celebran graduaciones en casi todas las etapas: Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato… Con diploma, toga, birrete y toda la parafernalia. No lo critico, ¿eh? Entiendo que sirve para cerrar ciclos y marcar comienzos. De hecho, igual tengo que contener alguna lagrimilla la próxima semana, cuando mi hija se despida de Infantil para irse al «cole de mayores». (Y si lloro a moco tendido, prometo contarlo).

Por ahora, la graduación me sale gratis. Pero viendo cómo evoluciona la cosa, no descarto que dentro de unos años las celebraciones escolares incluyan catering gourmet, DJ en directo y diploma enmarcado en pan de oro. Así que mejor empiezo a ahorrar ya. Porque si algo nos ha enseñado esta nueva sociedad, es que casi más importante que el título… es la foto.

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