Opinión | NEWSLETTER DE DEPORTES
Fútbol sin imposturas
El análisis semanal del presente, pasado y futuro del deporte con Juan Carlos Álvarez

Newsletter de actualidad deportivo por Juan Carlos Álvarez
El jueves de la pasada semana echamos una buena tarde. Vinieron al periódico para tener un encuentro con un grupo de suscriptores cuatro capitanes imprescindibles para entender la historia del Celta: Manolo, Maté, Vicente y Atilano. Juntos suman 1.643 partidos con la camiseta de este bendito equipo. En cuanto se la enfundaron siendo jovencitos ya no conocieron otra hasta el día de su retirada. Nada de lo que pueda decir hará justicia a su calidad como futbolistas, a su dimensión humana y al grado de compromiso que siempre mostraron con su oficio y con el Celta. Las casi dos horas que pasamos escuchándoles nos devolvieron a un tiempo maravilloso, a un fútbol menos impostado que el actual, a historias imposibles hoy en día, a años de carencias en lo deportivo pero desbordantes siempre de ilusión.
Supone un orgullo recordar la figura de todos ellos, emociona escuchar la voz de Manolo, reconforta ver a Vicente “de vuelta” tras reconciliarse con el fútbol y consigo mismo; conmueve la pasión con la que Maté argumenta y maneja el relato para hacerlo más impactante y divierte el gusto por la anécdota de Atilano. Cuando trato que explicarle a cualquiera la grandeza de esta clase de gente suelo trasladarme siempre a 1988, a aquel año maldito en el que en apenas unos pocos meses el Celta vivió el trágico accidente que acabó con la carrera de Alvelo y el asesinato de Quinocho en las oficinas de Balaídos. Cualquier equipo se hubiera enterrado allí incapaz de digerir ese drama. Pero Vicente, Maté y Atilano cargaron el club sobre sus hombros cansados y recompusieron los trozos del vestuario para sostenerlo durante las siguientes temporadas en Primera pese a la escasez de recursos. Esa es una de las hazañas escondidas en la historia del Celta y que encierra mucha más grandeza que otros triunfos que aparentan brillar más.
El jueves, cuando caía la tarde, se marcharon dando las gracias en otra demostración de la clase de gente que son.
Moriba y un portero, primeros objetivos
Hablarles de los capitanes me resulta mucho más reconfortante que hacerlo de Marco “no tenemos conversaciones activas” Garcés que la pasada semana hizo el tradicional balance de la situación de un mercado que aún no ha echado a andar.
En un tiempo en que una parte de los aficionados vive con la excitación de cada nombre nuevo que aparece en el camino, el director de fútbol del Celta es el ejemplo perfecto del anticlímax, un jarro de agua fría en mitad del calentón. Puede que sea lo más conveniente para evitar las expectativas irreales que muchos construyen en sus mentes tuiteras y un baño necesario de realidad en un contexto donde las apreturas son generalizadas y el Celta lleva puesto un traje tan ajustado que como se le ocurra salir a bailar es posible que se le desgarren las costuras. Con su latiguillo de las inexistentes conversaciones activas se va quitando asuntos de encima hasta el punto (algo divertido, lo reconozco) de negar interés por algún jugador que Claudio sí reconoció recientemente que estaba sobre la mesa. Los veranos, el fútbol, sus personales...
Lo que sí ha quedado claro es que al Celta le espera un mercado idéntico al de la temporada pasada, un absoluto calco en el que parece obligado a repetir despedidas y bienvenidas. Tiene que fichar a los jugadores que ya trajo hace un año cedidos (Moriba, Borja…) y quitarse de encima al mismo grupo de descartes (Doctor, Manu Sánchez, Carles Pérez, Unai Núñez…). El día de la marmota. Y fuera de eso apenas habrá sitio para un portero y poco más. Y venga, a acelerar procesos.
El caballo del corazón gigante
Esta semana la historia irrepetible va dedicada a un animal en el sentido estricto de la palabra. Hace años en una votación de ESPN y Sports Illustrated para elegir los mejores deportistas americanos del siglo XX un caballo consiguió situarse en el puesto 35 por delante de algunos de los nombres más gloriosos que ha dado el deporte en ese país. Se llamaba “Secretariat” y en los dos años que compitió en los hipódromos se convirtió en una celebridad hasta aparecer en las portadas de revistas como Time o Newsweek. Sus mejores registros, que son de aquel asombroso 1973, siguen hoy vigentes sin que ningún otro caballo haya sido capaz de acercarse a ellos.
Les dejo que estoy en medio de una conversación activa con un amigo. Buena semana a todos.
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