Opinión | Con lo bien que iba todo
El ‘show’ debe continuar
De políticos, taquilleras y trapecistas
La misma empleada que me cobró los cuelgafáciles necesarios para fijar un cuadrito en la cocina me indicó el rincón de devoluciones donde entregar esa bombilla led que resultó ser de color inadecuado. Corrió a ponerse tras el mostrador y —como si no nos hubiéramos visto hace un segundo— me preguntó qué deseaba. Quizá se refería a qué deseaba en la vida, o qué deseaba por Navidad, porque había quedado claro un instante antes que quería devolver la bombilla. Es posible también que se tratase de un caso de doble personalidad, y la Sara que me había cobrado nada tenía que ver con la Sara que se encargaba de las devoluciones, aunque habitasen la misma piel, como diría Almodóvar. Sara cobros, Sara devoluciones, Jekyll y Hyde en Leroy y Merlín: dos personas diferentes y una sola nómina verdadera. Una chica amable, recuerda a aquella taquillera de circo que, al terminar la venta, corría a ponerse el body de lentejuela y la diadema de pluma para subir al trapecio tras el número de los payasos, y aún después había tiempo para echarle tres pollos al león, que no podía salir con hambre a la pista, por si acaso.
Otros que también simultanean bien son los políticos. Van siempre caminando con la cabeza ladeada, escuchando la explicación que un tipo a su lado le susurra al oído y simulan entender, aunque no saben a ciencia cierta si están en la inauguración de la mañana o en la exposición de la tarde, pero tampoco importa mucho —taquilla, trapecio o león— siempre que te vean caminar de un sitio a otro fingiendo hacer algo útil.
Para esto tiene el diccionario un término específico: ‘cazcalear’. Decía Susana Díaz hace poco en TV que a la gente le da tranquilidad que en las desgracias aparezcan pronto los políticos; lo cierto es que hace ya tiempo que esas apariciones producen inquietud, porque el que vale para vender tiques no se revuelve bien en el alambre ni convence al león con el látigo, y lo que aporta serenidad es la presencia de los técnicos, los que saben dónde están y qué hacen.
Show must go on.
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