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Opinión

¡Grande Silverio Rivas!

Hace unos días escuchando a Silverio Rivas me iba quedando asombrado por su manera de expresar con suma sencillez conceptos de su obra, y de su manera de interpretar el mundo.

Muchas de sus obras son muy conocidas. En Vigo están, por ejemplo, su Porta do Atlántico en la plaza de América, el Monumento do Bicentenario de Vigo como ciudad que se encuentra en la confluencia entre Camelias y la calle de Venezuela, con su torre y su olivo cuyas hojas representan las parroquias del término municipal, y la pieza llamada Horizonte para o Sol en la rotonda de acceso al campus universitario. Las tres son monumentales, espectaculares e integradas en espacios públicos.

Comentaba Silverio en la charla que él no dibuja los bocetos, los hace directamente a escala en tres dimensiones. Y en ese momento van apareciendo problemas técnicos que va resolviendo poco a poco. Después pasa a la obra en sí misma. Que también la hace él personalmente ya que, decía, al pasar de los bocetos a la obra aparecen nuevos problemas técnicos que él mismo quiere resolver. Trabaja a fondo los bocetos. Trabaja a fondo las grandes obras. Pero indica dos cosas: las obras se deben trabajar mucho, pero no excesivamente, y las obras deben ser muy técnicas pero la técnica no se debe notar una vez finalizada la escultura. Me recordó a Juan Ramón Jiménez y a su corto y directo poema «No le toques ya más, que así es la rosa», que él mismo explicaba que lo decía «después de haber tocado el poema hasta la rosa».

Reflexionaba también Silverio sobre la trayectoria de un artista y afirmaba que siempre hay que innovar. Así lo hizo siempre. Fue aprendiendo muchos oficios para lograrlo. Tornero y ebanista por familia, ceramista en Sargadelos con Díaz Pardo, fundidor, pulidor, cantero, albañil y muchos otros oficios más para ir aplicando esta formación en sus obras.

Con sencillez considera que la escultura no es un trabajo, quizá sea una forma de vivir. «Conozco muchos oficios y con ellos configuro espacios», me pareció entenderle. Le entusiasman los espacios públicos y darles sentido. En la Porta do Atlántico, pensando en la emigración y que mucha de ella salió hacia América desde el puerto de Vigo, quiso hacer una puerta navegable desintegrándose en el espacio. De ahí que en realidad esta puerta sea un conjunto escultórico de tres piezas, la gran puerta, la más evidente, y otras dos piezas más pequeñas dispersadas en las grandes avenidas de su alrededor.

«Mi obra no está en los museos », comentaba con cierta tristeza. «Pero voy mucho a ellos, a ver sus colecciones permanentes y las exposiciones que organizan para aprender. Siempre aprendo algo», comentaba con la sencillez del que mucho sabe.

«Y seguiré trabajando mientras la mano obedezca a mi mente». Tal como lo hizo Miguel Ángel Buonarroti, sobre el que manifestó su admiración, especialmente en sus obras más complejas tales como «Los esclavos», señalando también algunos otros de sus grandes referentes: Archipenko, Arp, Moore, Calder y fundamentalmente Constantin Brancusi.

Finalmente comentó su visión sobre el vandalismo que sufren las obras de arte de los espacios públicos. Con su profunda retranca dijo que el vandalismo tiene dos efectos, uno negativo consistente en el deterioro o destrozo de las obras, pero otro positivo, ya que cuando se vandaliza una escultura quiere decir que es algo atractivo. ¡Grande Silverio Rivas!

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