Opinión

Subdirector de Faro de Vigo
Se vende piso con okupa en Vigo

Operativo desplegado en la Avenida de Buenos Aires de Vigo en un piso okupado que se utilizaba como punto de venta de droga / Marta G. Brea
Todavía es residual, pero ha llegado para quedarse. Me refiero al submercado de los pisos okupados en la ciudad, un fenómeno alimentado sin duda por el atasco en los juzgados, la fiebre inmobiliaria y los precios al alza. Basta una simple búsqueda en el principal portal del sector (Idealista), filtrando por precio (a la baja, obvio), para encontrar pisos por menos de 40.000 euros en una ciudad que el año pasado registró el mayor volumen de operaciones inmobiliarias desde el estallido de la burbuja, con los precios pulverizando todos los récords históricos. ¿Que cómo es posible? Simple: «Ocupado ilegalmente», advierte el pie de los anuncios. En estos momentos, como bien recoge nuestro compañero Carlos Ponce, hay una veintena de viviendas okupadas a la venta en Vigo.
«Una ganga», pensarán algunos. Sí, pero no me imagino a una pareja en busca de su primer hogar comprando uno de estos inmuebles a ciegas, porque, eso sí, no se pueden visitar ni financiar de la forma tradicional —con una hipoteca, porque la tasación es, simplemente, imposible—. Se paga al contado, lo que me lleva a pensar que este tipo de anuncios están enfocados a inversores, no a compradores tradicionales, no a familias, sino a los grandes multipropietarios que pagan en efectivo y prefieren un método rápido y discreto para desokupar el piso, vaciarlo, reformarlo y devolverlo de nuevo al mercado, ya sea para venderlo o alquilarlo, con un beneficio mayúsculo. Inversores que no esperan a los procesos judiciales para desalojar a los inquilinos ilegales, sino que recurren a empresas de seguridad —si es que se les puede llamar así— que, mediante coacciones o amenazas, logran recuperar los inmuebles en mucho menos tiempo que la vía judicial.
Drama social y negocios
Al final, de nuevo, el rico y poderoso hace negocio de un drama social, y por partida doble. Porque el propietario que malvende un piso en Vigo por menos de la mitad de su valor de mercado, teniendo en cuenta cómo está el sector inmobiliario —con precios en máximos históricos y con la demanda disparada—, entiendo que lo hace por pura desesperación. Y porque quiero creer que la mayoría de quienes okupan un techo que no les pertenece aún están más desesperados que los primeros, aunque por desgracia habrá de todo —desde mafias organizadas al fenómeno preocupante es el de las narcocasas— y la casuística es infinita. Lo único seguro es que hace un par de años, en Vigo solo había una inmobiliaria, la balear Sa Roqueta Investments, que comercializaba inmuebles con okupas, y ahora han entrado de lleno empresas de capital gallego. Habemus negocio.
El sector inmobiliario nunca deja de sorprenderme por su capacidad para adaptarse, reinventarse y encontrar siempre una forma de extraer rentabilidad de la precariedad ajena. Lo que es un problema para los propietarios se ha convertido en una oportunidad para los especuladores. Mientras tanto, las administraciones y la justicia siguen sin dar una respuesta ágil ni a quienes pierden sus viviendas ni a quienes las toman por necesidad o por negocio. El fenómeno de los pisos okupados en venta no es una anécdota, es un síntoma más de un sistema en el que la vivienda es mercancía antes que derecho —por mucho que lo recoja la Constitución—, y en el que, como siempre, el pez grande se come al chico.
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