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Opinión | Con lo bien que iba todo

Edadismo

Más te vale seguirme la corriente

Casi dos años perdí sin percatarme de que desaprovechaba mi condición de adulto maduro. Hasta septiembre de 2023, no pertenecía a ningún grupo susceptible de ser considerado como tal; era masa, excipiente, plancton flotando en el caldo donde otros colectivos destacaban. No mencionaré ninguno para no complicarme.

Hasta hace poco, digo, porque ahora, amigos, pertenezco por fin a un grupo con derecho a ser discriminado, lo que me otorga la capacidad de acusar a quien me hable de cometer delito de exclusión, odio o rechazo, en caso de que así lo sienta. ¿Crees que exagero? Eso es porque tú eres edadista; me estás considerando un viejo chocho que no dice más que chorradas. Más te vale seguirme la corriente.

Ya puedo culpar a otros de mis torpezas, errores, olvidos y negligencias. Ya puedo refugiarme en la mara de los yayos que me protegerá de todo mal. La edad te da experiencia y, en algunos casos, sabiduría (que no es lo mismo), pero te quita memoria, reflejos y habilidad; el cuerpo se divierte menos, pero la cabeza lo pasa mejor. Hay más destreza en el debate porque hay más munición: gritas menos y argumentas más.

Pero ahora, a los beneficios inherentes a mi condición viejuna le añado pertenecer a un gremio: un colectivo vulnerable al que es políticamente incorrecto agredir física, verbal, metafísica, emocional o cualquier otra cosa, excepto fiscalmente, que de eso no hay quien se libre.

Armado con mi reciente superpoder, me dispongo a salir a la calle a disparar acusaciones de edadismo a todo aquel que de alguna forma me importune. Más os vale no cruzaros conmigo porque voy sobrado de autoestima. Me inquieta desconocer el calibre de esta nueva arma. Quiero decir: no sé qué lugar ocupa el edadismo respecto a las agresiones a otros colectivos discriminables. Hay que aclarar si es más grave pecar de edadismo que de los demás «ismos», y cómo saldría yo parado de un enfrentamiento con alguien de otro colectivo vulnerable; porque me da la impresión de que lo mío puntúa menos: me siento como el profesor de una maría.

Conviene saber también si son superpoderes acumulativos: si un tipo de mi edad perteneciente también a otro colectivo compatible es como aquellos vaqueros que llevaban dos revólveres.

El caso es que yo era cero a la izquierda: inodoro, incoloro e insípido; abeja obrera. Y he abierto los ojos. ¿Que no? ¡Tú eres edadista!

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