Opinión
Coser el PP de Vigo

Luisa Sánchez y Alfonso Rueda. / Pablo Hernández Gamarra
«Hoy es un mal día para el PSOE, lo tengo clarísimo». Con esta frase, cargada de tintes combativos, comenzaba una nueva era en el PP de Vigo, con Luisa Sánchez al mando. Cuarta presidenta de los populares en la ciudad, tras Corina Porro, Elena Muñoz y Marta Fernández-Tapias, Sánchez reconoce que aún queda mucho por hacer y «un largo recorrido por delante», pero se muestra convencida de que es «la alternativa» a quien lleva dieciocho años gobernando Vigo. Arropada, como no podía ser de otro modo, por el aparato del PPdeG, desde el propio Alfonso Rueda hasta su mano derecha en la provincia, Luis López, Sánchez arengaba a los afiliados de Vigo y de toda Galicia que llenaron el Tinglado del Puerto el sábado, asegurando que «los votantes están ahí, nos están esperando».
Coincido en que queda mucho por hacer y «un largo camino por recorrer», empezando por terminar de unir al partido en Vigo, si es que eso es posible. Incluso Rueda lo dijo: «Los otros están cómodos si nos ven enfrentados, quiero pensar que eso ya se acabó». Puede que el PP de Vigo esté «hilvanado», como me aseguró un cargo popular hace unas semanas, pero lo cierto es que aún falta mucho para que esté completamente cosido. Basta con echar un vistazo al listado de asistentes al XIV Congreso Local para constatar las ausencias notorias —Fernández-Tapias (aunque sí sus padres), Corina Porro, José Manuel Figueroa (aquejado por una enfermedad), Juan Corral, Manolo Pérez, Javier Guerra…— que demuestran que, pese a los esfuerzos por agrupar las filas populares, aún queda un largo trecho para hablar de unidad. Lo positivo en este caso es que parece que la carrera de Luisa Sánchez no es un esprint, sino una media maratón.
Desconozco la estrategia que seguirá el PP en Vigo, pero es de sentido común pensar que, en las próximas elecciones municipales, dentro de dos años, Luisa Sánchez no aspire a ganar. Como mucho, su meta será mejorar el resultado de las cinco actas que obtuvo Fernández-Tapias en 2023. El presidente de los populares es consciente de esto y, ante Luisa y su equipo, le aconsejó fijarse metas «alcanzables», evitar «provocaciones» y apoyarse en las administraciones amigas, como la Diputación —de la que sigue siendo vicepresidenta— y la Xunta, en lugar de caer en discursos victimistas o buscar «enemigos externos», en clara alusión a Abel Caballero, quien, aunque no se le mencionó directamente, estuvo omnipresente durante todo el acto.
Ahora bien, lo que suceda en 2031, a seis años vista, podría ser diferente, tanto en lo particular para los candidatos como en lo general para los partidos. Pero incluso sin Caballero comandando el PSOE, si el PP quiere gobernar necesita ser la primera fuerza política, lo que implica casi triplicar los concejales actuales (la mayoría absoluta cotiza cara en la corporación viguesa: 14 actas). Un reto mayúsculo ya que los populares no tienen aliados ni posibles coaliciones en clave local, y el PSOE, pese a los constantes ataques a Caballero del nacionalismo, sí. Lo que está claro es que, para vencerle, será imprescindible no repetir los errores de sus predecesores. La estrategia debe ser distinta. Los vigueses deben ver en el PP no solo un partido que fiscalice y critique la actuación del Gobierno local y de su alcalde, sino que también debe aportar, proponer y tener ideas, y autonomía para defender Vigo por encima de todo. Es decir, debe ofrecer una alternativa seria para la primera ciudad de Galicia.
Pero para que esa alternativa sea creíble, primero el PP de Vigo debe demostrar que puede superar sus propios conflictos internos y presentarse como un proyecto sólido y cohesionado. Luisa Sánchez tiene el reto de suturar las costuras de un partido todavía herido y convencer a los vigueses de que el cambio no solo es posible, sino necesario. La carrera acaba de empezar, y aunque el camino sea largo y el enemigo hoy por hoy imbatible, el éxito dependerá de si el PP logra inspirar confianza y ofrecer una visión clara de futuro para la ciudad.
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