Opinión

Subdirector de Faro de Vigo
Tiempos extraños

Rubén, con anillo de compromiso, posa junto a su novia, Patricia, quien le pidió matrimonio a través de una gran valla publicitaria por el Día de San Valentín. / Mardy Bum
Vivimos tiempos extraños. También en el amor. Ahora, para ligar, necesitas una app. Eso de salir a tomar algo, conocer gente, cortejar... cosas de viejunos, una auténtica pérdida de tiempo. Hoy abres una aplicación en el móvil (sí, esa que estás pensando), seleccionas en función de tus gustos y disponibilidad, le das a match y al lío. Así, a las bravas. Y da igual el sexo, la condición o el estado civil. He visto usarla a todo tipo de personas (no daré nombres). Muy eficiente todo, pura sinergia, así nos va.
Natalidad
Y, sin embargo, seguimos a la cola de España en natalidad. Así que mucha app, mucho like y todo eso, pero a la hora de la verdad, nada. Aquí solo producen los de fuera y cuatro despistados como yo que, con dos críos, ya estamos por encima de la media. Claro que tener un hijo es cosa seria, y toda la ayuda es poca. Inestabilidad laboral, bajos salarios, la vivienda por las nubes, problemas para conciliar... Eso sí, no hay que estudiar ni hacer un curso preparatorio para ser padre o madre, como ocurre con las mascotas. Si es que caminamos hacia la extinción sin necesidad del asteroide «2024 YR4».
Pero dentro de esta vorágine, aún quedan románticos. En este caso, romántica. Me refiero a Patricia, una joven viguesa que, tras diez años con su novio y al ver que él no se animaba, le pidió matrimonio con una valla publicitaria de ocho metros en plena Gran Vía. «Rubén, no sé cuántas indirectas necesitas, pero aquí tienes una de ocho metros. ¿Quieres casarte conmigo?», rezaba el enorme cartel. A ver, Rubén, como para decir que no. También te aviso: pórtate bien, porque como metas la pata, igual la próxima valla no tendrá tanta gracia... Es broma. Felicidades.
Empecé con las apps para ligar, seguí con la natalidad por los suelos y ahora, aprovechando la historia con final feliz de Patricia y Rubén, toca hablar de matrimonio (el orden de los factores tal vez no haya sido el correcto; a ver el producto final). Y es que la gente, pese a lo artificial de las relaciones sociales y los amoríos, se sigue casando, por lo civil pero también por la Iglesia. Se ve que hay ganas de fiesta, sobre todo tras la pandemia. También suben, y mucho, las parejas de hecho, como ha publicado otra Patricia, Casteleiro. Y los divorcios. Lo dicho: vivimos tiempos extraños.
Y tan extraños. Queremos amor rápido (por llamarlo de alguna manera), pero nos cuesta comprometernos. Buscamos compañía, pero evitamos las ataduras. Nos casamos, nos separamos, nos reencontramos con la app y vuelta a empezar. Quizá no sea tan raro. Quizá solo estemos adaptándonos a un mundo que ya no es el de antes. O quizá, en el fondo, seguimos siendo los mismos de siempre, solo que ahora con más opciones, más prisas y menos certezas.
Al final acabaremos ligando con una IA y los niños, si eso, que sean virtuales; así no manchan.
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- Davila 16/07/2026