Opinión

Subdirector de Faro de Vigo
Abrir Vigo al mar

Vista del paseo de Bouzas. / Ricardo Grobas
Que el titular no lleve a engaño: muchos pensarán que Vigo ya es una ciudad nacida del mar, que creció y prosperó gracias a su ría y que debe gran parte de sus éxitos a su privilegiada ubicación en el Atlántico. Pero la realidad es que la ciudad no está abierta al mar, al menos no como debería. Todavía hay demasiadas barreras que separan a los vigueses de su costa: espacios de uso portuario, infraestructuras, viales, fincas privadas… Aunque ha habido avances, la conexión con la ría sigue siendo una tarea pendiente, y el ritmo de cambio es más lento de lo deseado.
Uno de los proyectos que buscan recuperar ese vínculo es la senda litoral entre Bouzas y Samil, el mayor arenal del municipio. El alcalde, Abel Caballero, lo volvió a poner sobre la mesa en la entrevista que publicamos este domingo, asegurando que será una de sus prioridades en lo que queda de mandato. La propuesta no solo permitiría un acceso libre a esta franja costera, sino que también contribuiría a la regeneración de varias playas, siguiendo el modelo aplicado en O Vao y ahora en Samil, entre Tombo do Gato (la Playa de la Fuente) y las pistas de patinaje. Sin embargo, reconoció que esta obra no podrá materializarse sin el apoyo de otras administraciones, desde el Gobierno central —a través del Ministerio de Transición Ecológica— hasta la Xunta.
No es un plan nuevo. Ya en 2008, cuando Elena Espinosa era ministra de Medio Ambiente, se dieron los primeros pasos, pero el proyecto no llegó a cuajar. Las razones exactas nunca quedaron claras, aunque es fácil intuir que se toparon con la oposición de quienes disfrutan de propiedades con vistas privilegiadas y no quieren que un paseo público mancille su exclusividad: personas con influencia suficiente como para parar o al menos eternizar este tipo de iniciativas. Un caso similar al de Toralla, donde el Gobierno acaba de iniciar los trámites todavía ahora para crear una senda de acceso libre alrededor de la isla, un espacio que durante décadas ha permanecido en una especie de limbo fuera del dominio público marítimo terrestre. Confío en que esta vez el proyecto de la senda entre Bouzas y Samil salga adelante. No tengo dudas de que los vigueses lo recibirán con entusiasmo, porque la ciudad necesita recuperar su contacto con el mar.
Recorrer la costa de Vigo de punta a punta, desde Chapela hasta Saiáns, sigue siendo una utopía. Pero iniciativas como esta van en la dirección correcta. También el esfuerzo del Puerto por compatibilizar su actividad —vital para la economía del área y de Galicia— con la apertura de espacios a la ciudadanía, uno de los objetivos marcados por su presidente, Carlos Botana, con propuestas como la creación de una playa urbana en la zona del Náutico, adelantada en las páginas de este periódico.
Vigo tiene alma marinera, pero demasiados muros entre su gente y el mar. Romper esas barreras no es solo una cuestión urbanística, sino un acto de justicia con la ciudad y su historia. Porque abrir Vigo al mar no es un lujo ni una concesión: es una necesidad.
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