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Opinión | Con lo bien que iba todo

Banco de alimentos

El hambre no entiende de burocracia

Tengo una amiga carnal, una hermana avenida, que dedica una buena parte de su tiempo y recursos a hacer el bien por pura bondad, sin pedir nada a cambio ni presumir jamás de ello. Yo sé que es por puro egoísmo, se siente tan bien ayudando a familias en apuros, que necesita más y más de esa dopamina del bien que la tiene enganchada. Ella y otras adictas al buen rollo se entregan equis veces al mes a la tarea de recabar, trasladar, revisar, comprobar, ordenar, clasificar, distribuir y no se cuántos infinitivos mas, unas cuantas toneladas de productos que gracias a los Bancos de Alimentos atenúan la mala situación de miles de personas que no tienen para comer.

En un luminoso despacho de Bruselas, alguien con menos luces de las necesarias decide encargarse personalmente de arruinar un sistema de distribución de alimentos que funciona como un reloj, y traza un plan minucioso mediante el cual un montón de familias que antes accedían a esos espaguetis, aceite, arroz, leche, fruta, conservas, harina, legumbres, etc... se quedan fuera del reparto. El hombre o mujer que está a cargo del organismo perverso que gobierna la cosa, se arma de una tecnología digital hiperavanzada que, siempre según su criterio, repartirá con justicia y equidad los panes y los peces. Unas tarjetas como las tarjetas de crédito, monitorearán cada gramo de pan rallado y harán riguroso seguimiento de cada centímetro cubico de leche para evitar sisas o mermas de cualquier tipo. Se olvida el responsable —o la responsabla— de bajar al almacén donde aparecen las grietas de los planes trazados en los despachos, y pierde así la oportunidad de hablar con gente como mi amiga, mi hermana, y escuchar de primera mano que su plan no funciona, que una persona en apuros no está para cumplimentar impresos, que la burocracia se lleva mal con el hambre, y que han pensado una solución de primer mundo para un problema de tercero.

Cientos, miles de personas que están trabajando desinteresadamente en los bancos de alimentos, asisten con horror a la implantación de un sistema que va a llevar a esos bancos a la quiebra por la incapacidad de unos funcionarios que no bajaron al sótano porque les dieron las cinco, y a esa hora fichan salida. Porca miseria.

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